A España, con libreta y boli

Marcos Pichel

LUGO

Michael Ball, ex seleccionador femenino inglés, de paso en Sarria para desentrañar los secretos del éxito del básket hispano

21 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Basta el inicio de la conversación (confirmado por los derroteros hacia los que derivó), para conocer por qué Michael Ball ha sido escogido para una misión concreta: estudiar a fondo, desentrañar los secretos «que han conducido al baloncesto español» a lo más alto del Olimpo mundial. «En todas las categorías», puntualiza este elocuente británico, ex seleccionador inglés y entrenador jefe del Oaklands College de paso estos días por Sarria, en donde participa en el campus Baloncesto no Camiño.

«España en estos diez últimos años es el país que más ha avanzado en baloncesto en todo el mundo», dice en un inglés de manual (traducido por Ligia Ashbourn), acompasado en una gestualidad que ayuda a su fácil entendimiento. «Y queremos saber por qué», señala. Una fecha y un lugar, 2012 y Londres, tienen buena culpa de ello. Las islas quieren recuperar el espíritu deportivo que contribuyeron a repartir por todo el mundo a finales del siglo XIX, y propagarlo hacia «toda la población» con motivo de los próximos Juegos Olímpicos. Quieren fomentar la práctica en todas las especialidades posibles. La idea, sembrar ahora, pero que la cosecha se pueda recoger mucho más allá de ese horizonte.

Y es en el baloncesto donde aparece Ball. Entrenador, profesor en ese instituto de sabor tan británico que parece Oaklands College («en el que el deporte es fundamental», señala), marido de baloncestista y yerno de la mejor jugadora de la historia de Hungría y en la actualidad colaborador de la selección absoluta de su país, a la que, por qué no, sueña con dirigir (aunque deje un gesto de incertidumbre cuando se le pregunta por tal posibilidad).

Con una gran capacidad de persuasión, afirma Michael que en su país «hay materia prima». O lo que es lo mismo, jugadoras con un gran potencial físico y ganas de aprender. «Pero falta conocimiento del juego», añade. Por eso quiere conocer qué métodos han impulsado a España hasta convertirla en habitual de la élite, para aplicarlos en su academia y en el programa de preparación olímpica. Hacer contactos, aprender de los entrenadores hispanos. Por eso, trata de que jóvenes promesas de su país prueben también in situ. «Que la gran vinculación actual que hay entre Inglaterra y España, con las vacaciones, con los jubilados -dice irónico- se aproveche en más ámbitos». Sabe que en su país la competencia es dura, «con el fútbol, con el rugbi, el críquet... Pero España también es un país futbolero y no les ha ido nada mal».

Mucho más que canastas

Conocer a Michael Ball supone una inmersión en el deporte en la que el baloncesto apenas es un trazo más. Implicado como está en el movimiento olímpico, comparte amistad con personalidades de otras modalidades que han hecho grande a su país. Así, explica con vehemencia el secreto del éxito del ciclismo británico en los pasados Juegos de Pekín: «No dejar nada al azar». Hasta el mínimo detalle controlaba el seleccionador. También relata cómo hay deportistas que tienen algo más, y menciona a uno de los atletas más grandes, el vallista galés Colin Jackson: «Va colegio por colegio, habla de deporte con los niños, y ¡siempre con una modestia increíble!».