Un mundo sin pilas en Outeiro


Outeiro de Rei comenzó sus fiestas patronales con una jornada dedicada a la artesanía, que se celebró desde la media mañana de ayer hasta la media noche. Fueron doce horas ininterrumpidas de protagonismo total de todo lo hecho a mano o que fue fabricado hace tanto tiempo que ya adquirió el estatus de antigüedad. Quedó inaugurada a mediodía por el alcalde, José Pardo Lombao , y por la delegada territorial de la Xunta, Raquel Arias , con la asistencia de otros miembros de la corporación municipal y demás autoridades competentes.

El Concello había anunciado con antelación la participación de 17 puestos relacionados con la alimentación (quesos, embutidos, vino, miel, empanadas, helados y diversos tipos de dulces más), y 60 dedicados a la venta de todo tipo de especialidades artesanas (cerámica, cestería, materiales reciclados, cuero, madera, bisutería y joyería, muñecas de papel y un sinfín de variedades). Los puestos prácticamente rodeaban la manzana de edificaciones que conforman la iglesia y las casas hasta la plaza del Concello, y llegaban hasta muy cerca del campo de Santa Isabel, a la orilla del Miño.

«Hay de todo», le decía una visitante a su compañera de recorrido a la vez que se interesaba por unos recipientes que, según explicaba el vendedor, son de cera perfumada tratada a 145 grados. Como la mujer hizo un gesto de no comprender nada, el artesano le siguió explicando que al encender la vela colocada en el interior sobre un lecho de arroz, el calor motiva que las paredes del recipiente perfumen el ambiente sin que se derritan. Aclarado. Demostraciones. El propietario de una casa de turismo en Xermade y artesano de la madera, Vicente , fue de los primeros en ponerse manos a la obra con su torno, con lo que la mayor parte de la cofradía de curiosos que había en el recinto a las once y media de la mañana, estaba concentrada ante su puesto viendo como hacía buxainas, que posteriormente hacía girar en las manos de los niños a los que se las regalaba, o sacaba un huevo de un trozo de madera, demostrando que fue antes que la gallina. Cesteiros y oleiros de cuatro de las zonas más conocidas (Bonxe, Gundivós, Niñodaguia y Buño) también trabajaron en directo y aprovecharon para intercambiar experiencias. Y en cuestión de gallinas, en un expositor especial la de Mos demostró que en amorosa con sus polluelos y en tamaño de los huevos no hay quien le gane. Algunos puestos eran un canto a lo kitch y otros un homenaje a la horterada, pero entre tantos solo uno o dos eran puro mercadillo semanal.

A mediodía la gente hizo cola en Santa Isabel para conseguir raciones de carne, chorizos y filloas que despachaban al módico precio de tres euros, y por la noche una orquesta puso los ritmos caribeños, como corresponde a cualquier animada verbena gallega.

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