Las vacas, en casa de toda la vida

LUGO

Maruja García comparte profesión y vocación con sus hijos, mientras resiste unos tiempos los que el bajo precio de la leche influye en el presente y en parte del futuro

21 jun 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Maruja García Rivas nació en el campo. En la zona rural -parroquia de Rigueira, municipio de A Pastoriza- creció y se asentó, desarrollando una actividad profesional que supone una puesta al día de aquellos tiempos en los que la leche de las siete u ocho vacas de su casa se usaba para fabricar un queso no muy diferente al de Friol.

«Gustáronme sempre as vacas», dice. De ayer a hoy, sin embargo, algunas cosas han cambiado, como en tantas otras explotaciones. 120 cabezas de ganado -70 de producción láctea y 50 novillas- y 510.000 kilogramos de cuota anual reflejan esa transformación. Dos fechas han sido decisivas en ese cambio: en 1999 hicieron partijas sus padres, lo que significó el reparto de 58 reses entre ella y su hermano, y en el 2005 se formó la sociedad.

Por tiempos de mudanza y de expansión han pasado las dos generaciones en estos años, en tanto que los actuales están presididos por las dificultades derivadas del bajo precio de la leche: a 0,27 euros se paga el litro últimamente, como apunta su hijo Javier.

La satisfacción por la profesión elegida y los comentarios sobre las dificultades actuales están presentes en las palabras de la madre y de los hijos. Por un lado, Maruja García advierte que características como las de estos meses reflejan la resistencia de la población rural: «Aguantamos os labradores», dice. Por otro, las condiciones de vida, con las particularidades que impone el cuidado del ganado, dejan un cierto margen de maniobra: «Non tes domingos nin fins de semana, pero ninguén te apura», explica. Y agrega algo que también puede ser un aliciente: «Non tes que erguerte ás sete da mañá», dice.

La vocación está presente, con algún matiz, en sus dos hijos. El mayor, Carlos, echa una mano en las faenas domésticas: «Isto para alguén vai quedar, e non ten xeito deixalo», opina. El apego que siente por un medio de vida que conoce desde niño está fuera de duda en sus palabras.

También suena sincero y conocedor del terreno que pisa su hermano Javier. Subraya que una ganadería es una empresario: «Hoxe dá perdas, pero -manifiesta- unha empresa é». En esas palabras subyace el problema de los bajos precios, pero ni los problemas actuales lo desaniman: explica que «se estivese ben a cousa», ampliaría la nave y compraría más vacas.