Elimar Galviatti (Caracas, 1972), ha puesto con su marido una empresa de innovación en servicios informáticos, en momentos en que los proyectos de los emprendedores quedan en un cajón.
-¿Qué han invertido en su empresa?
-Todo el capital que trajimos de Venezuela, junto con las ganas, la energía y la ilusión. Es un proyecto que tenemos desde antes de venirnos y decidimos hacerlo ahora porque creemos que los sueños no hay que postergarlos. Crisis va a haber en cualquier época.
-¿Recibieron ayudas?
-Hicimos un seminario para pulir la idea, hacer el plan de empresa, y luego las gestiones para abrirla. Nosotros consideramos todo eso una ayuda. Sabemos lo complejo que es gestionar las cosas en otros países, y aquí pudimos hacer los trámites en poco tiempo y las cosas salen. Además estamos tramitando ayudas de arranque de empresa y una de guardería para poder trabajar tranquila, sabiendo que mi niño está bien.
-¿De dónde surge el nombre?
-La empresa se llama A-Porta, jugando con la puerta dicho en gallego, y lo que aportamos en el sentido de tranquilidad, a los abonados. Incluso les dejamos un ordenador mientras les resolvemos sus problemas informáticos. Comenzamos haciéndoles un diagnóstico en forma gratuita, sobre el riesgo en que puede estar su plataforma tecnológica.