El Breogán cerró el curso con la incapacidad de regresar a la ACB, la meta marcada en rojo el pasado verano. El equipo se fue descomponiendo con el paso de los meses
24 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.La ilusión con la que el Breogán partió el pasado verano se fue perdiendo a lo largo de una temporada en la que los celestes han fracasado a la hora de alcanzar el objetivo del ascenso. La derrota padecida anteayer en Los Barrios supuso el tercer revés consecutivo de los celestes en la LEB y la condena a competir por cuarta campaña un peldaño por debajo del sueño de la ACB. El proyecto 2008-2009 fue dejando más sombras que luces a medida que se fueron desgranando las jornadas.
Espejismo estival
El Breogán se adjudicó el título honorífico de campeón estival. Con pleno de victorias, alguna de ellas cosechada ante conjuntos de la ACB, los celestes despertaron la atención de la LEB Oro. Sin embargo, surgen dudas alrededor del hecho de subordinar la puesta a punto deportiva a la campaña de captación de abonados. La meta de conseguir socios mediante la rúbrica de resultados aplastantes obligó a dar una vuelta de tuerca a la preparación física de un equipo que posteriormente padeció una plaga de lesiones a lo largo del año. Pocos recordarán ahora el triunfo sobre el Bruesa o del título alcanzado en la Copa Galicia.
Poca personalidad
La plantilla del Breogán no posee ningún elemento díscolo. Sería extraño que los jugadores, que podrían ser definidos como buenos chicos, ocasionasen algún problema dentro del vestuario. No poseer una personalidad arrolladora también tienen su lado negativo. Con el transcurso de las jornadas, la falta de un líder que tirase del carro sobre la cancha se convirtió en uno de los graves problemas del Leche Río. Los lucenses patinaron en todos los enfrentamientos de enjundia y alto voltaje.
Plantilla descompensada
El Breogán cerró la temporada con seis pívots en nómina, pese a que Phillips sólo se vistiese de corto en sólo doce compromisos. Lucho Fernández evolucionó a la posición de cuatro tras la llegada de Sergio Valdeolmillos. Sin embargo, el juego interior hizo aguas en el play off. Esta situación desembocó en que los únicos aleros disponibles en el tramo final de la competición fuesen Betinho, Corbacho y Pecile. Estos dos últimos disputaron el choque en Los Barrios con fiebre. Desplegar dos bases fue una de las bazas compensatorias de los celestes.
Floja defensa
La plantilla del Breogán no estaba confeccionada para defender. Con una tipología más típica de la ACB que de la LEB Oro, es decir, con muchos treses y ningún dos hasta la llegada de Pecile, la defensa de los jugones de la categoría se convirtió en un suplicio a lo largo del curso. Además, ninguna de las correcciones efectuadas a mitad de temporada (Southall, Clark y Pecile) solucionaron las vías de agua.
Nulo juego sin balón
En el Breogán, todos los jugadores de la plantilla eran capaces de anotar de tres puntos. Sin embargo, la lectura del juego no era el fuerte de casi ninguno. Poca actividad, mala interpretación de los bloqueos indirectos o incapacidad para dar un pase más fueron algunas de las lacras de los celestes a lo largo del curso. Además, mientras las demás escuadras fueron creciendo con el campeonato, el Leche Río se diluyó con el paso del tiempo. Los Barrios, con una gran riqueza táctica que palía las limitaciones individuales, sacó a relucir todas las vergüenzas de los celestes.
Volatilidad
Desde el inicio de la temporada, el Breogán no transmitió tranquilidad hacia afuera. La marcha del preparador físico y una sensación de caza de brujas para buscar explicación a los malos resultados, contribuyeron a crear una atmósfera de inestabilidad. Pareció tocar fondo después del cambio en el banquillo, pero las cicatrices volvieron a sangrar en el play off.