Los grandes partidos políticos, vistos desde Lugo, parecen más atentos a sus propios problemas que a la solución de la crisis
10 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Lugo hace lo que puede, que no es mucho, para estar entre las ciudades del mundo que pelean contra el consumo de droga. Por eso el alcalde lucense, el socialista José López Orozco , sale en misión de tanto en tanto al otro lado del charco a explicar clarito y profesoral cómo batalla contra la droga, qué políticas aplica para prevenir el consumo. Orozco viaja a Estados Unidos mientras en Lugo el paro avanza, el empleo retrocede y los viejos conflictos de ayer se renuevan y actualizan. Orozco se fue y en casa se quedó la queja del presidente de la Diputación, Gómez Besteiro , por no ser invitado en tiempo y forma a la toma de posesión de la superdelegada Raquel Arias (PP). Al PSOE, apeado de la Xunta, se le ve como quisquilloso, molesto, aún sorprendido y un punto desnortado. Orozco peregrina al país de Obama y Arias anuncia visitas a los municipios lucenses. El PP inicia la campaña de retorno a la Diputación mientras el socialista Besteiro se acoge al protocolo para abrir una batalla, larga y dura, en la que se juega su ser o no ser en política.
A los socialistas lucenses, según se ve, el protocolo les importa mucho. Al alcalde Orozco le sentó mal que la conselleira de Sanidade visitase el nuevo hospital sin aviso previo al Concello. Al presidente de la Diputación, Gómez Besteiro, le causó disgusto no ser debidamente invitado a la toma de posesión de la delegada provincial de la Xunta. El protocolo, la forma, es relevante en política, claro; pero no son estos que corren tiempos en los que convenga hacer del protocolo el problema. Los papeles anuncian cada día nuevos expedientes de regulación de empleo, cierres de empresas, ajustes de plantilla. El problema no es el protocolo. Tampoco el largo viaje del alcalde lucense a una de esas reuniones de resultados inciertos. El problema es que ni los unos ni los otros saben cómo hacer frente a una crisis que ya golpea duro en la provincia subsidiada que es Lugo y se lleva por delante empleos e industrias. A los populares les queda demostrar de qué son capaces ahora que gobiernan Galicia y no estaría mal que el presidente del PP en Lugo, José Manuel Barreiro , que sabe de economía y empresas, expusiese cuáles son las recetas de su partido, si las tiene, para salir del atolladero económico.
Mientras la crisis devora puestos de trabajo, se cubren los sillones vacantes en la Xunta. La representación lucense no es corta, pero hay en el PP afiliados que se preguntan qué criterios se siguen para la elección. Será acaso, se dicen, el del esfuerzo continuado al servicio del Partido Popular; quizá sean, especulan otros, razones sólo evidentes para los interesados y quien los designa. Y entre pregunta y pregunta decae, quizá sólo temporalmente, el ánimo de gente que curra a diario mientras llegan al sillón oficial algunos a los que nunca se les vio sudar la camiseta. Las elecciones europeas están a la vuelta de la esquina y no es prudente el ninguneo de quienes defienden los colores del partido desde las trincheras locales, mientras otros asoman la bandera sólo cuando llega el tiempo del reparto de puestos a la sombra del poder o en el poder mismo. En la reunión celebrada el pasado jueves por los compromisarios lucenses para el congreso popular algo se vio de todo esto.
Son tiempos de crisis, sí. En medio de la tormenta económica vive Esquerda Unida de Lugo su propia crisis existencial. Ni ahora que el empleo merma y crece el paro da señales de vida. Está EU de Lugo silente y ausente en la política del día a día desde que alguien decidió que Dafonte debía dejar paso a una nueva generación de líderes. Dafonte dejó paso, sí, pero de los líderes, si los hay, poco o nada se sabe, salvo cuando llegan las elecciones. Ni siquiera con el Bloque buscándose a sí mismo encuentra EU de Lugo el flanco por el que colocar su mensaje de izquierda no nacionalista. Olvidan tal vez que fue Marx (Karl y no Groucho) el que alguna vez escribió que la peor lucha es la que no se hace.
Lugo, ya se sabe, está bien surtida de grandes políticos. En la provincia subsidiada la crisis se hace evidente en las industrias que cierran y en las que dejan en la calle a sus trabajadores. Pero Lugo se salva, según se ve, en su proyección internacional. Cuando su alcalde no viaja a China lo hace a Washington. Dicen que Montaigne escribió: «Cuando me preguntan la razón de mis viajes les contesto que sé bien de qué huyo pero ignoro lo que busco». Quizá no es el caso de Orozco y los resultados se verán pronto.