Diferentes estudios destacan que trabajar en un ambiente demasiado caluroso disminuye la productividad y aumenta el riesgo de que el trabajador sufra enfermedades. Una circunstancia que parece darse en buena parte de los edificios públicos de Lugo capital, donde a diario la temperatura supera ampliamente los 21 grados centígrados, el valor medio que recomiendan numerosos especialistas.
Así las cosas, muchos días de este invierno el termómetro ha bajado de los ceros grados en el exterior. Sin embargo, en las oficinas de instituciones como la Xunta, el Concello de Lugo o la Diputación el mercurio está más próximo a los 23 y a los 24 grados, según las mediciones efectuadas por La Voz.
Las consecuencias del enorme contraste de temperaturas en el trabajo -gripes, catarros, lumbagos, tortícolis, etcétera- acaban provocando cuando menos una visita al médico y cuando más bajas laborales de varios días.