A pesar de su juventud, el capitán Rubén Flores es hombre curtido en cuestiones de tráfico. «Pasé tres años en el destacamento de Santander, una provincia que tiene una circulación importante, con unos accesos a la capital, centros comerciales, aeropuerto... El tránsito día a día era elevado y teníamos problemas de retenciones», dijo.
-¿Se presenta más tranquilo ahora su nuevo cometido?
-Por lo que llevo visto en el poco tiempo que llevo aquí es diferente, no es que sea ni más sencillo ni más complicado. Es totalmente diferente la idiosincrasia de la provincia. Aquí la problemática que veo es una extensión grandísima, unos doce mil kilómetros a vigilar... Ya de por sí la provincia es grande y, aparte, las carreteras tienen la problemática de la orografía, la climatología que incide mucho y la accidentalidad, que afecta también de una forma distinta. Además el transporte juega un papel importante por su volumen que es superior al de muchas provincias.