La droga viajaba tapada con papel carbón para poder eludir los escáneres

La Voz

LUGO

17 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Esta es la primera organización a gran escala con base en Lugo que es desmantelada por la Guardia Civil en una operación cuya ejecución resultó muy compleja, entre otras razones porque los integrantes del grupo trabajaban de una forma muy profesional y sobre todo con unos controles de seguridad extremos. Utilizaban sofisticados medios, telemáticos y de otras características, para tratar de no dejar ningún tipo de rastro.

Como ejemplo del máximo control con que trabajaba el grupo está el hecho de que las referencias de los albaranes de envíos estaban codificadas, lo mismo que los números de teléfono de los que habitualmente hacían uso.

Era una de las redes mejor estructuradas en cuanto a seguridad. Sin embargo no todo es perfecto y algo falló. Ese algo no fue desvelado por los investigadores que demostraron una gran tenacidad porque, con la ayuda de otros funcionarios, comenzaron a seguir los pasos del envío desde el mismo momento en que salió de Brasil.

Burlar los escáneres

Los integrantes de la organización lo tenían todo perfectamente estudiado. Los que estaban en el otro lado, que por ahora no cayeron en manos de las fuerzas de seguridad, se encargaban de que los envíos no levantaran ni la más mínima sospecha. Después de meter la droga dentro de los engranajes, los cerraban y los sellaban con una especie de silicona. Seguidamente envolvían la pieza en una especie de cámara confeccionada con un material similar al papel carbón con la finalidad de hacer opaca la droga en el momento de pasar el paquete por los escáneres de los aeropuertos. Una vez que lo tenían todo preparado, metían todo en cajas de madera, las empaquetaban y posteriormente llamaban a la empresa de transportes que se ocupaba del resto.

Mandaban antes las llaves

Los exportadores enviaban a la organización de Lugo antes del paquete las llaves especiales para abrir los engranajes. El pasado martes, una comisión judicial, encabezada por la juez que dirigió la operación, una funcionaria del servicio de Vigilancia Aduanera y de los detenidos, fueron abiertos los tres paquetes que componían el envío.

Una vez desmontadas las ruedas dentadas, apareció la cocaína que tendría en el mercado un valor de 479.220 euros. Dice la versión oficial de la operación que la ingeniería del método de ocultación obligó a que la retirada de la sustancia estupefaciente se demorara durante varias horas. Sin las llaves especiales enviadas previamente, sería imposible la apertura de los mecanismos.

A esta organización le atribuyen un envío intervenido en Argentina con un peso de 13.600 gramos. En este caso, el método de ocultamiento era una placa dorada y otra plateada en forma de barco. El destino de la droga era Londres y Valencia. Las pesquisas fueron canalizadas a través de Interpol.