En apenas dos semana, el cristal que protege la ventana arqueológica de la Rúa Nova se ha destrozado dos veces
06 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.¿Restos arqueólogicos o contenedor subterráneo? Ese es el dilema con el que se encontrarán ahora los turistas y vecinos que paseen por la Rúa Nova y, al pasar junto a la llamada Ventana Arqueológica se pregunten cuál es su objetivo. En este momento, la imagen es la siguiente: un cristal destrozado a golpes, que deja al descubierto unas escaleras, con bolsas de plástico y botellas de refresco vacías.
El hecho de que este expositor de restos se denomine «ventana» no deja de resultar paradójico, puesto que las continuas agresiones al cristal obligan a mantenerlo tapado casi de continuo. A lo largo de las fiestas de Navidad, este punto ha sido objeto de distintas agresiones: primero se resquebrajó el cristal para, en este último fin de semana, romperlo por completo.
La apertura de este espacio ha sido causa de muchos debates sobre su idoneidad, ya que casi nada más inaugurarlo ya estaba destrozado. La obra, que realizó la empresa Corsan, se finalizó en la primavera del año 2000 y costó unos cinco mil euros (820.000 pesetas).
Ese importe, que incluía la recuperación de unas monedas halladas en el lugar, ha sido multiplicado con creces debido a las continuas reparaciones. Sin ir más lejos, el pasado septiembre se aprobó pagar 2.181 euros por él; un importe que ahora está hecho añicos en el fondo de las escaleras.
Controversia
Puesto que los arreglos y roturas han sido una situación reiterada en los últimos ocho años, los sucesivos concejales de Urbanismo se han planteado en más de una ocasión cerrar definitivamente la ventana.
La semana pasada, después de la primera agresión durante las vacaciones, el portavoz del equipo de gobierno y concejal de Protección da Comunidade, José Rábade, explicó que se había encargado un estudio a los servicios de arqueología para restaurar el cristal.
A lo largo de los años se han hecho varios estudios de este tipo.
En su momento, se decidió crear un espacio cultural de estas características para poder exponer el patrimonio que tiene enterrado en el subsuelo la capital. Al ser tantos los restos arqueológicos encontrados en el casco histórico, se pensó que las exhibiciones in situ podrían ser una buena manera de enseñar el patrimonio.
Ahora, ese objetivo queda en entredicho, puesto que los restos no pueden visitarse prácticamente nunca por la continua actividad vandálica. Y a esto hay que añadir el coste en el mantenimiento de este espacio único en la capital, que algunos ciudadanos han demostrado no saber respetar.