La rotura de un antiguo hilo de cobre en el tendido mantiene sin luz desde el domingo a los habitantes de las cuatro casas del lugar de Valiña, en Agüeira
18 dic 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Además de caer nevadas como las de antes, este otoño-invierno está proporcionando a mucha gente de la franja Este de la provincia noches como las de antes: largas y a oscuras. Claro que antes no había televisores, congeladores a rebosar, cocinas eléctricas, calefacción que precisa de motores, tanques de enfriar la leche ni ordeñadoras eléctricas. Pero antes había mucha gente en las aldeas y con muchos recursos para pasar el tiempo.
Por eso a los habitantes de Valiña, en la parroquia de Agüeira (Becerreá) se les están haciendo larguísimas las noches e incómodos los días de lo que va transcurrido de la presente semana. El domingo a medianoche se quedaron sin luz y ayer todavía seguían sin ella. El motivo es la rotura de un cable del tendido eléctrico a escasos 50 metros del pueblo. Hay cuatro casas habitadas y algunos también están sin teléfono móvil, además de no funcionar los fijos. Les agotaron la batería en parte debido a las numerosos llamadas que hicieron para que les fuesen a reparar la luz, pero la empresa Fenosa no se da por enterada, ni de los requerimientos vecinales ni de los del Concello, según señalan Jesús Núñez y Ángel Ulloa.
El peso de la nieve sobre los árboles es la causa de los problemas en la mayor parte de las líneas eléctricas en toda la comarca, pero en el caso de Valiña los cables se rompen con el único peso de la nieve o porque son viejos. «Estamos no século XXI pero aquí temos cables dos anos 60, cando puxeron a luz», afirma Jesús. Parte del tendido a este y a otros barrios es de reciente instalación, si bien un tramo inicial de medio kilómetro desde el transformador es de hilos sin forrar, alternando postes de madera y de hormigón. Pero también estos nuevos apoyos están muy deteriorados.
Los vecinos achacan la demora en la reposición del servicio a que Fenosa anda cambiando las empresas subcontratadas y los trabajadores de antes conocían muy bien toda la zona y el estado de las líneas. «Dinnos que non dan abasto», dice Ángel.