Adai, donde «apostar» significa algo

B. Lázare

LUGO

Esta parroquia de O Corgo celebró la subasta de otoño de terneros de raza rubia, con una recaudación de más de 11.000 euros, pese a la paralización en el sector

14 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

El manido término «apostar» alcanzó ayer en Adai todo su significado y literalidad, porque unos cuantos ganaderos acabaron tirando de billetera para conseguir hacerse con algunos de los mejores xatos de raza rubia gallega, de entre un reducido pero selecto elenco de reses. Esta parroquia del municipio de O Corgo celebró, un año más, la subasta de otoño, aunque en esta ocasión organizada exclusivamente por el Concello.

Los candidatos a padres de las próximas generaciones de vacas del país acapararon la atención en el acto central de la jornada, pero los caballos compartieron recinto con ellos y les ganaron sobradamente en número, con docenas de ejemplares en exposición, en venta, o simplemente en paseo de placer de sus jinetes. La feria mensual del 13 de noviembre tiene carácter anual, dedicada a los caballos, y la tradición se mantuvo.

Desde primera hora de la mañana el campo se fue llenando de puestos, con el mercadillo a lo largo de la carretera y los calderos cociendo pulpo en los extremos del recinto. Entre la espesa niebla fueron apareciendo las camionetas de los tratantes y turismos cargados de feriantes de todo tipo.

Pasada la una de la tarde el alcalde dio la bienvenida a todos y anunció el comienzo de la subasta. Seguidamente, el subastador recordó que todas las reses que fuesen adjudicadas tendrían una subvención de 200 euros que recibiría el nuevo propietario y comenzó ya el paseíllo del primero de los terneros ante varios centenares de personas. Pertenecía a la explotación de Concepción Reija y, como era «un pouco trenco das pernas», según determinó un tratante, nadie ofreció ni los 1.350 euros del precio de salida. El segundo tuvo seis ofertas, de diez en diez euros cada puja, y fue adjudicado en 1.460. En los cuatro siguientes la subasta estaba más fría que el día y no hubo ofertas. El séptimo se adjudicó como quien no quiere la cosa en 1.770 y en el octavo comenzaron los piques, pasando de los 1.800 euros a 2.020. Por el noveno, gemelo del anterior, pagaron los 1.900 de salida. En el décimo, propiedad de Concepción Reija e hijo del toro Palmeiros, un ganadero de Gondomar y otro de O Courel hicieron las cerca de 80 ofertas, algunas a la velocidad de una ametralladora y entre aplausos, pagando el primero 2.610 euros y el precio de salida era de 1.700. Recaudación final: unos 11.150 euros.