Muchas proteínas para dar y tomar

LUGO

José Manuel Eimil y Ángeles Novo tienen en Vilalba una carnicería que fue creciendo con los años y que se ha asegurado más futuro con el hijo de ambos

09 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Que a los gallegos nos gusta comer es más que un tópico. «Mellor que sobre que que falte», dice una voz situada cerca de un mostrador. El mostrador pertenece a la Carnicería José Manuel, un negocio que está situado en Vilalba (calle Plácido Peña) y que está en fase de expansión, quizá propiciado por las proteínas contenidas en los alimentos que se ofrecen a los visitantes.

José Manuel Eimil comenzó su actividad en una empresa cárnica local, aunque al cabo de pocos años se estableció por su cuenta. El primer paso fue un negocio situado en un supermercado de Plácido Peña que ya no existe. El siguiente, la compra de una carnicería situada en Porta de Cima. Luego llegó el negocio actual, emplazado en Plácido Peña y ampliado hace meses con otro local en la calle Galicia.

El crecimiento quizá no se haya parado aún. Oyendo a José Manuel Eimil, parece que sus planes de futuro lo llevarán a seguir expandiéndose. «Hai que ser optimistas», dice. El recuerdo de los primeros tiempos no es, en principio, una invitación al desánimo, ya que no ve los comienzos como una etapa dura. Incluso admite que abrir un negocio puede ser más difícil hoy que entonces: «Custa moito máis establecerse, facer a clientela...», explica. Su mujer también parecen ajena al pesimismo: «Lévase ben, de marabilla», declara.

Buena materia prima

Lo que puede suponer un apoyo, tanto antes como ahora, es la materia prima que constituye la base del negocio. Terra Chá es, opina Eimil, una comarca «boísima», e incluso las perspectivas resultan halagüeñas. «Nunca tan boa carne houbo como agora», sostiene. ¿La causa? En lo que respecta al vacuno, que el ganado dedicado a la producción de carne no se usa para leche. ¿La consecuencia? Que aunque los hábitos de una población como Vilalba son cada vez más urbanos y se notan en la venta de filetes y de productos elaborados, no faltan ni mucho menos los que se aprovisionan de kilos de carne para un banquete familiar ni los que aumentan el consumo conforme avanza el otoño.

Los chorizos y jamones que parecen formar casi el decorado de la tienda demuestran que el cerdo, en fresco o envasado, tiene sus adeptos. Y el hijo, con sus palabras, demuestra que el rumbo le parece el adecuado: «De momento vai ben así», afirma.