Orozco prepara a su equipo por si tuviera que hacer frente al 2009 con un presupuesto municipal prorrogado
19 oct 2008 . Actualizado a las 02:00 h.En la vieja ciudad amurallada se disputa ahora la anual y tediosa batalla del presupuesto local, mientras los gobiernos del mundo tratan de esconder bajo toneladas de euros y dólares los desastres de su incompetencia. A la sombra creciente del árbol del miedo a un tiempo de economía difícil, los grupos consistoriales de Lugo se preparan para argumentar su incapacidad para el acuerdo. Con la vista puesta en la tarta presupuestaria, se agita el avispero que es la legión de funcionarios municipales. Por los pasillos consistoriales hay como un sordo zumbido que tal vez anuncia la tormenta largos años demorada. En el alboroto de la crisis, la piñata presupuestaria desasosiega a los ejércitos que se nutren de la ubre pública; en la barahúnda hay quien propone aplicar dieta alimentaria al político local como remedio al caos del mercado.
Mientras el Bloque baila una muiñeira sobre la debilidad del Gobierno español, los nacionalistas lucenses recetan al alcalde Orozco los mismos ungüentos que en el pasado los socialistas consideraron contraproducentes para su salud política. Xosé Anxo Lage, con el auxilio eficaz y afilado de Camilo Friol en la rebotica municipal, ofrece a Orozco el sí al presupuesto por el precio de la renuncia a gastos que son la salsa de cualquier año electoral. El Bloque tardó apenas unos minutos en responder a la propuesta presentada por el alcalde; el PP necesitó instalarse en la ambigüedad para manejar unos hilos que se enredan en su apoyo al plan económico para el actual ejercicio. Joaquín García Díez, el autor de la propuesta para alejar a sus colegas de tentaciones gastronómicas por cuenta del erario, aún no tiene claro, para sorpresa de propios y extraños, si Orozco cumplió o no los compromisos presupuestarios que adquirió con su grupo en el 2007.
El presidente provincial del PP, José Manuel Barreiro, observa a su grupo en el laberinto municipal y medita rutas de salida que probablemente discurren por la periferia del acuerdo. Barreiro, que teje la destejida red de su partido en calles y plazas, sabe que en la parroquia popular hay cierto empacho de tanta disposición al pacto. A medida que gasta suela, el líder del PP entiende con más claridad que los acuerdos con el gobierno municipal dejan sin argumentos a los que librarán la batalla electoral en cada esquina, en cada bar, en el taller y así. La política de salón agota sus posibilidades allí donde acaba la moqueta; las elecciones las deciden los mismos que sufren la crisis económica en primera persona. El regate florentino, cuando se trata de política local, luce vistoso en algunos titulares, pero con frecuencia deja la andorga partidista ayuna de papeletas. A los que mandan en el PP lucense les conviene leer a Gala; además de mejorar su español, sabrán que «al poder le ocurre como al nogal; no deja crecer nada bajo su sombra». Y, si se trata del principal partido de la oposición, la sombra aún es más grande. En todo caso, ya dijo Bismarck que la política no es una ciencia exacta. Por eso, el jueves, cuando de nuevo se sienten López Orozco, García Díez y Xosé Anxo Lage a tratar sobre el plan económico para el 2009, puede ocurrir que se cierre un acuerdo o que el próximo año el Concello de Lugo tenga un presupuesto prorrogado.
En medio de la partida, bullen las tensiones laborales en el consistorio lucense. En los manuales de sindicalismo se estudian algunos casos como éste, propio de tiempos de confusión. Los sindicatos, curiosas agencias multiservicios, ponen notable empeño en estériles batallas entre sí, que entretienen mucho a la clase política, a la del poder y a la otra. Como advirtió Tocqueville, más que las ideas, a los hombres los separan los intereses.
La batalla política se riñe en muchos campos y, al final, como concluyó Zappa, la política es el departamento de espectáculos de la economía (de la industria, dijo el músico). Quizá por eso, en la confusión de la crisis, hay una carrera, alocada a veces, de partidos que avanzan hacia sí mismos. El debate presupuestario, en Lugo, como en otros ámbitos, forma parte de la carrera. El Bloque tiene clara cuál es su posición de salida; el PP aún busca la línea en la que lo situó el acuerdo con Orozco en el 2007. El gobierno local sabe que aún le queda amplio margen de maniobra antes de las próximas elecciones municipales. Por eso, en la batahola de la crisis, Orozco aún puede rechazar los ungüentos de las farmacias de la oposición.