Más de 150 emigrantes de esta provincia tienen un colectivo propio dentro de la Hermandad Gallega, que es una de las más grandes de de América y del mundo
23 sep 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Dentro de la gran masa humana que es la Hermandad Gallega de Caracas, los lucenses son pocos pero bien avenidos. Debido a la situación de inseguridad en las calles, los gallegos, sus descendientes y las ramificaciones laterales se refugiaron en las instalaciones que tienen en la céntrica y próspera urbanización de Maripérez, casi una ciudad dentro de otra y bien protegida con vallas y guardas de seguridad. Sin embargo, los oriundos de esta provincia aún tomaron más precauciones para no sentirse diluidos y siguen manteniendo activa la Hermandad Fillos de Lugo, con directiva propia, asambleas y encuentros en los que suelen participar cerca de 150 personas.
Es una llama que mantienen encendida los lucenses que, sin embargo, a diario se confunden con los demás en las amplias instalaciones de la Hermandad Gallega. Un par de piscinas, restaurantes, gimnasios, un enorme salón de actos y la reproducción de una galería comercial con todo tipo de tiendas les permiten hacer vida entre sus domicilios particulares y estas instalaciones, dotadas de farmacia, peluquería y hasta de oficina bancaria, de una entidad de ahorro gallega, como no podía ser de otro modo.
La Hermandad Gallega de Caracas es de las más recientes, ya que fue el resultado de la fusión de las antiguas hermandades provinciales. Como la de Buenos Aires y otras más, sirve para mantener los vínculos y se configuran nuevas familias de ascendencia gallega, por eso es frecuente encontrarse con matrimonios que, sin haber nacido en Galicia o tras emigrar de niños, ambos tienen sus orígenes aquí. Por las especiales características de Venezuela, la colonia gallega en este país está todavía mucho más encerrada en sí misma. En Argentina son muy frecuentes los vínculos de gallegos con españoles de otras zonas, italianos y de países tan alejados como Corea. «Yo soy el compendio de siete países», bromeaba una activo miembro del Centro Galicia de Buenos Aires. En Caracas esto es menos frecuente y el colectivo es mucho más endógeno.
Aunque la incorporación de jóvenes a los órganos de dirección de la Hermandad es mucho más lenta de lo que desean sus gestores, las dos piscinas exteriores, que en este país no son necesarias las climatizadas, una amplia pista deportiva y un moderno gimnasio equipado con cerca de un centenar de aparatos son un buen reclamo.
La entidad también tiene su zona campestre, de más de tres decenas de hectáreas, en las afueras de Caracas. A ella se desplazan todos los fines de semana y festivos centenares de personas, que en determinadas fechas son miles. Suelen ser peñas que se reúnen en una misma zona y, según el lugar de procedencia de Galicia, llevan licor café, alguna modalidad de empanada o los dulces que aprendieron a elaborar en la casa natal. También este recinto está protegido por guardas.