Los cuatro equipos que llegaron a Cáceres sabían que el premio estaba a la vuelta de dos partidos. En el primero saltó la sorpresa cuando, a minuto y medio del final, el Alicante desperdició su ventaja de cinco puntos ante el Tenerife. Entre Breogán y Bruesa, una final anticipada, los rostros reflejaban la tensión y ansiedad siempre normales antes de una final.
Inicio esperanzador
El Breo empezó bien, puesto que Bruesa puso a Hopkins y Doblas en la pintura. Pero pronto se vio que los de Laso estaban mejor posicionados y concentrados. Los cambios, y sobre todo la entrada de Andrade en los vascos, propiciaron las primeras distancias (Laso traía la lección bien aprendida: ante la calidad y la efectividad de los pívots del Leche Río, jugar con un solo interior y con cuatro jugadores abiertos). Las rotaciones de Faverani, Doblas y Arteaga, unidos a Andrade, situaron al Bruesa con las primeras distancias. Todas las canastas de los donostiarras, excepto un triple imposible de Uriz, vinieron por una mala defensa del uno contra uno. Dos jugadores de rotación, como Brown y Arco encestaban con facilidad.
Mal menor
Con este panorama, había que esperar al descanso. La diferencia de 10 puntos parecía un mal menor para lo que se vivía en la cancha. Paco García había insistido en dos tiempos muertos en los dos primeros cuartos en que la defensa del Breo no era sólida ni consistente. En el tercer cuarto, parecía que el Breo se podía meter en el partido. Una defensa zonal y distintas alternativas de presión por parte del conjunto lucense llevaron al Bruesa a minutos de desconcierto, pero fue solo un espejismo, puesto que, al final, doce puntos de diferencia decían lo contrario. Desgraciadamente, la remontada no se consumaba.
Fue en la última manga donde el Breo puso todo lo que el gran número de aficionados de Lugo que había en Cáceres quiso ver desde el inicio, y se situó en el electrónico, a falta de cuatro minutos, por arriba: 68-69. Por fin demostraba, durante al menos seis minutos, todo aquello bueno que hizo durante la temporada, y en una final, como era esta, se presuponía.
De nuevo el uno para uno
Un tiempo muerto de Laso, y unos ajustes, devolvieron al Bruesa que habíamos visto durante los 25 minutos anteriores. Ricardo Uriz se echó el equipo a la espalda y rompió, en el uno contra uno, en varias ocasiones, a un Dani López muy fatigado. El Breo no era consistente en esta faceta. Las canastas del Bruesa eran relativamente fáciles.
Sin haber tenido un gran día, la estrella del Bruesa, Panko, cerró con un triple el partido. En la jugada inmediatamente siguiente, una buena circulación del Breogán hizo que Wade lanzase solo sin el acierto necesario. Los tiros libres del final situaron en el marcador en el 83-72 que hacía justicia a lo que habíamos visto en la cancha. Los de Pablo Laso se plantaban en la final, y acompañarían al CAI a la ACB.
Futuro inmediato
Todo lo sucedido ya es historia, y ahora, desde el club hay gente capacitada y preparada para pensar, analizar y tomar decisiones necesarias acerca del presente y futuro inmediato. Esperemos que muy pronto podamos ver al equipo entre los más grandes; para ello nos espera otro verano de fichajes y otra temporada dura de verdad en la que recuperar ese lugar.