Un poblado de transición que se convirtió en una anarquía

La Voz

LUGO

25 may 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Hace un siglo, Manuel Montoya y su mujer María Camacho, apodados Os Santos , recorrían en su carromato los angostos caminos de Lugo. De los diez hijos de la pareja -la única familia gitana que había en Lugo a principios del XX- descienden casi todos los gitanos de las provincias de Lugo y Ourense.

Durante décadas son un colectivo errante, y sólo uno de los vástagos, Salvador, se asienta en Sarria. «Ían polos pobos facendo cestos, vendendo cabalos, comprando burros...; pero tamén a feiras como As San Lucas de Mondoñedo», recordó el profesor Manuel Vila. Pero la crisis del campo a partir de los años cincuenta, que obliga a muchas familias a emigrar a la ciudad, pone en apuros a los gitanos, que deciden trasladarse a la capital, donde «os cestos e aqueles oficios deixan de ter utilidade e non se dan encardinado no mundo proletariado».

Corren los sesenta y la ciudad amurallada vive los efectos del Plan de actuación de Fingoi con el que el gobierno franquista empieza a configurar el nuevo entramado urbano. El proyecto incluye la expropiación de algunas casas con huerta en el entorno de la actual calle Armórica. «Varias familias xitanas -explicó Vila-, que daquela eran aínda poucas, aproveitan e métense nas vivendas baleiras, como fan os ocupas».

Tiempo después, las autoridades toman una decisión drástica: trasladar a los gitanos a O Carqueixo, un monte apartado del centro y cercano al vertedero municipal. «Como xa andaban na chatarra dicían que alí estarían ben», relató el veterano profesor, y añadió que «cada unha fixo como puido».

Sin luz, con una única fuente colectiva de agua y sin un techo firme bajo el que refugiarse, unas 20 familias crean el germen del poblado chabolista. Años después, aunque ya había una tímida escolarización en el colegio Aneja, la monja josefina Amparo Polo comienza a visitarlos y su congregación acuerda con los maristas «darlles unha miguiña de clase, orientalos na vivenda, na hixiene..., e axudarlles a construír unhas chabolas algo mellores», sostuvo Vila. En los años siguientes se consigue crear una escuela -cerró en 1996- y una guardería -clausurada en 2006-. A finales de los setenta, se producen algunas mejoras y a mediados de los ochenta se incorporan profesores de la enseñanza pública -Vila fue uno de ellos-, que logran que la Asociación Gitana fundada por las josefinas profundice en el trabajo social con el colectivo, para el que la droga es una realidad cotidiana, y demande soluciones.

Barrizal y niños descalzos

Con la primera ley de erradicación del chabolismo promovida por el tripartito de la Xunta en 1988 se impulsa la construcción de las casas actuales. «Non había alcantarillado, os terreos sen pavimentar convertíanse nun barrizal no inverno, moitos nenos andaban aínda descalzos no vertedoiro... Entón fixéronse as casas, unha fosa séptica, un novo pozo, o alcantarillado».

A su juicio, la premura con que Ayuntamiento y colectivos tuvieron que diseñar la actuación -solo hubo un mes para pedir ayudas- y la dejadez política posterior fueron determinantes en el deterioro. «O que ía ser un poblado de transición, quedou nunha anarquía», concluyó Vila.