Fernandinho rompe con la inercia de Carnicer y pone al Azkar en órbita

Juan Alonso

LUGO

07 may 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Si el Azkar quería hacer Historia (con mayúsculas) y pasar a las semifinales, no le quedaba otra que hacer historia (con minúsculas) y romper el maleficio que le acompañaba con el Carnicer. Werner, y sobre todo Fernandinho, en dos ocasiones, ponen en franquía la eliminatoria para los lucenses. En el Municipal, el sábado, el segundo acto.

Nadie podría negar la tensión en el Jorge Garbajosa. Y es que, en juego, había mucho más que un simple partido, o una eliminatoria de play off. Era algo diferente. Se dilucidaba, después de un buen número de varapalos de los madrileños a los lucenses, quién iba a tener la autoridad moral de dominar, ya no sólo los encuentros de cuartos de final que quedasen, sino incluso futuros enfrentamientos, sea la competición que sea.

Estaba claro que nadie se iba a dejar una gota de energía, que no iba a ser momento de reservas. El Azkar, como había previsto el entrenador, Bruno García (sabedor de qué son capaces sus jugadores, y confiando al mil por cien en sus virtudes), saldría a por todas desde el inicio. La posibilidad de hacer historia, de dar primero en la eliminatoria y dinamitar el factor cancha que los de la base área poseen, estaba a la vuelta de la esquina, y los lucenses salieron a comerse el mundo, a llevar el mando, a acorralar al Carnicer sin descuidar (iba la vida en ello) su patio trasero ante las posibles respuestas de sus anfitriones, maestros en el arte de aprovechar a velocidad de vértigo los despistes de sus adversarios.

El Azkar, con el balón, percutiendo una y otra vez sobre la portería de un inspirado, como toda la temporada, Jesús. El Carnicer, tratando de salir en busca de Toni en cuanto los lucenses no acababan uno de sus continuos ataques. Un toma y daca en el que la motivación extra de los de Bruno García se hacía patente, sobre todo, en jugadores habituados a este tipo de situaciones, y que gustan de crecerse en ellas, como Marcelo, como Riquer, como Orol. Pero también Paulinho, que fue el que dio los dos primeros avisos de que los azulones, los transportistas, iban en serio. El palo, y una estirada milagrosa de Jesús a la escuadra impidieron que inaugurara el marcador.

No cejaba en su presión el Azkar. Y si Werner ya dejaba claro en el último partido de Liga regular que volvía a ser el del primer tramo de la temporada (y él mismo reconocía su especial motivación ante los play offs), ayer volvió a demostrar que puede ser un jugador clave, con el gol que inauguraba el marcador, a la salida de un córner.

El espíritu guerrero de los locales no permitía ni un solo respiro. Lo iban a intentar hasta el final, cualquier ventaja iba a ser mínima. Las maderas de la meta de Toni iban a su mejor aliado. Hasta en seis ocasiones, entre la primera y la segunda mitad repelieron tiros a bocajarro del Carnicer. Así empató Párraga. Querían retomar su autoridad moral los madrileños, pero no contaban con un jugador que había estado apagado todo el partido. Apareció Fernandinho, dos goles, y mandó parar.