El plato solidario de comida caliente

Lucía R. Insua

LUGO

Cinco años después de su apertura, el comedor San Froilán reparte cada día una media de 70 menús entre personas de la ciudad y transeúntes necesitados

07 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Son das 12.30 horas y el comedor San Froilán abre su puerta en unas dependencias anexas al Seminario Mayor de Lugo. Cada día reparte una media de 70 comidas a personas desfavorecidas. Algunas viven en la ciudad y son habituales, pero buena parte son transeúntes, «gente de paso», como aclara sor Asunción, la religiosa que está al cargo de la iniciativa solidaria.

Poco a poco, los comensales del día muestran sus vales y entran al comedor, donde hoy [por ayer] les espera un plato caliente de alubias, una tortilla francesa, un trozo de pan, un zumo y un pequeño dulce de postre. «El menú se varía todos los días y solo los días de fiesta se puede servir un poco de vino, pero nada más», comentó sor Asunción, miembro de la congregación Hijas de la Caridad de San Vicente Paúl. Gracias a la labor que desarrolla junto a sor María, una cocinera contratada y más de una veintena de voluntarios -se organizan en turnos-, el comedor funciona.

El perfil de los usuarios es muy dispar, con muchos más hombres que mujeres. «Hay gran variación, desde jóvenes de 25 a mayores de 60», detalló el director de Cáritas en Lugo, Jesús Cando Freire. Por nacionalidades, además de los españoles, sobresalen el número de inmigrantes de Europa del Este (principalmente Rumanía) y de Sudamérica (Bolivia, Ecuador o Perú). «En el comedor no se ve a mucha gente de África, generalmente por motivos de religión, ya que no pueden comer carne de cerdo», indicó Cando.

Un porcentaje elevado son mendigos que «van de ciudad en ciudad» pidiendo, indicó. Los problemas psicológicos y físicos derivados en ocasiones del consumo de alcohol o las drogas son una constante en las calles. «Todos tienen sus cosas, sus problemas...», sostuvo la religiosa.

Por este motivo, los conflictos entre comensales del San Froilán son frecuentes, pero la mano firme de sor Asunción logra frenarlos. «Les digo que sus problemas los solucionen fuera, porque aquí se viene a comer», afirmó la religiosa con rotundidad, al tiempo que añadió que cuando alguno se «porta mal» le prohíben hacer uso del comedor durante algunos días.

Con todo, resaltó que «en general son todos agradecidos». Y finalizó contando una anécdota: «Hay un hombre que viene todos los días y siempre se despide con un: ''Hasta mañana sor, la comida estaba muy sabrosa''».