En el último partido de Liga del Azkar, en casa del Benicarló el pasado sábado, Marcelo se vio en medio de un incidente extradeportivo. El juego se había calentado, el público se encendió contra los pronistas, que reclamaban al árbitro por lo que consideraban una injusta decisión, y los insultos y los malos modos se adueñaron de un sector de los presentes en la grada, tras el banquillo visitante. En el marasmo, Marcelo fue expulsado, y a continuación se sucedieron una serie de hechos que el propio jugador califica de «lamentables».
«Pedíamos la roja por lo que considerábamos una agresión a Riquer, y el público se puso a gritar; alguno, incluso a escupir. No era un espectáculo para dar ejemplo a los chavales», relata el internacional español, que también entona el mea culpa. «He de decir que entré un poco al trapo», dice el jugador, siempre temperamental. Sobre todo, se creó una confusión cuando, en un determinado momento, saltó a la grada. «Fui a por mi hijo, que estaba allí. No quería que le pasara nada y me lo cogí en brazos para llevármelo al vestuario», cuenta. Hubo quien no entendió la acción; otros, sí. «La gente se dio cuenta de que era mi hijo, y aunque algunos se me enfrentaban, otros me daban la mano y le pedían al resto calma. Lo mejor es que todo se ha quedado en el susto», confiesa un Marcelo que asegura haber actuado pensando nada más que en su hijo al subirse a la grada, aunque no todos lo aceptaron: «Decían que estaba incitando a la violencia». Para él, lo mejor es que llegó la calma y que, en el partido, el Azkar fue capaz de levantar un marcador que reflejaba un 2-0. «El equipo supo reaccionar», sentencia.
Pasar página
Rápidamente pasó página Marcelo, que terminado el partido se incorporó a la concentración de la selección española para disputar el amistoso que le ganaron a Eslovaquia el lunes con él de titular. El martes, ya en Lugo para entrenarse, y ayer, de nuevo doble sesión. Para descargar de tanto ajetreo, y con la agenda ocupada, hay que pillarlo en una sesión de fisioterapia. «No da tiempo a descansar. Por eso viene muy bien recibir un masaje», dice el jugador, con el pensamiento ya en el Carnicer, próximo rival, el sábado en el Pabellón Municipal.
«No tenemos que ver en ese partido nada más que los tres puntos. Es lo que nos importa», dice Marcelo, que prefiere olvidar polémicas con los de Torrejón. «No podemos pensar en revanchas, aunque sea el Carnicer y tengamos una espina clavada en la garganta con ellos. Son sólo tres puntos», insiste el jugador, que reconoce que hasta cierto punto les molestan los comentarios que desde el equipo madrileño puedan llegar. «No es para tanto», comenta.
Él subraya el aspecto deportivo, en una victoria para apremiar al MRA que, tercero, les antecede en la tabla clasificatoria: «Hay que centrarse en el equipo. Ellos son un conjunto que trabaja bien, que siempre está entre los ocho primeros, pero debemos ganarles».