Barrios que son lugar de veraneo

B. Lázare

LUGO

Emigrantes de muy distinta situación retornan a la ciudad para pasar en ella el mes de agosto. Casi todos comparten el deseo de tranquilidad y de estar con la familia

19 ago 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

lugo | ¿Resulta inimaginable veranear en A Cheda, A Milagrosa o en As Fontiñas? Pues no lo es y hay bastante gente que pasa parte o todas sus vacaciones en esos barrios o en otros como el recinto histórico y Acea de Olga. Generalmente son emigrantes que vuelven en verano a su ciudad natal o a la cabecera de la provincia. Algunos, con buenos puestos en Madrid, Barcelona o en el extranjero, regresan a la casa familiar y reparten el mes entre la capital y alguna playa. La mayoría de los veraneantes foráneos son emigrantes que disponen de un piso en algún barrio o que ya no tienen familiares en la casa del pueblo natal.

Independientemente del nivel económico y de las circunstancias personales, la característica más común a todos los lucenses que retornan para pasar las vacaciones en la ciudad es el deseo de estar unos días tranquilos y sin agobios, reuniéndose con familiares y amigos o, simplemente, paseando. No hay datos ni estadísticas, pero en la mayoría de los barrios resulta relativamente fácil localizar a algún emigrante de vacaciones urbanas. También son muchos los retornados tras jubilarse, que ahora hacen a diario lo que durante décadas sólo podían practicar en agosto: pasear, charlar, ir al café con toda la calma necesaria o hacer una excursión.

Jesús trabaja en puesto alto en un ministerio y tiene el cuartel general en Madrid, pero pasa más tiempo en el extranjero, con constantes cambios de destino y viajes en avión. Se crió en el centro y todos los veranos regresa con su familia a la casa paterna. No quiere saber nada de playas porque, según reconoce, a lo largo del año siempre tiene la ocasión de darse un baño o tomar el sol en alguna de los países que visita.

Paseos

Aprovecha su estancia estival para hacer todo lo que no puede practicar el resto del año. «Caminamos bastante, visitamos sitios de la ciudad a los que solamente voy de año en año, me acerco al Círculo en alguna ocasión, voy de vinos y a las cafeterías de siempre, y recorro los museos y todo lo nuevo que va surgiendo», señala.

En alguna ocasión va al Fluvial, del que sigue siendo socio, pero cuando la familia de su hermano y la suya organizan una excursión al mar, él se queda en Lugo. Sólo echa en falta a los amigos de la infancia y de la época de estudiante, que están de vacaciones fuera de la ciudad.

También se llama Jesús otro emigrante capitalino, que comparte con el anterior la ciudad de nacimiento y un trabajo que le permite vivir muy holgadamente. Es licenciado en Derecho y trabaja para una empresa relacionada con el puerto de Barcelona. Todos los años, que aún son pocos, llega a Lugo a principios de agosto hastiado del calor húmedo de la ciudad Condal y se va con sus padres o alguno de los hermanos a la zona de Sada, en la que tienen un piso.

Pasa con ellos una semana o diez días, pero antes de mediados de mes ya está en Lugo de regreso. Reconoce que no hay mucha animación pero prefiere pasar unas cuantas semanas de tranquilidad. Además, siempre localiza a alguien para salir.

Gerardo asegura que también sale todos los días del mes de agosto, aunque en su caso el destino fijo es el paseo del río Rato, con frecuencia por la mañana y a última hora de la tarde. Pasa agosto con su mujer en un piso alto de la avenida de As Fontiñas. Trabaja en Inglaterra y compró la vivienda hace bastantes años, aunque solamente la tuvo alquilada un par de cursos.

Espera venir bastante más dentro de pocos años, cuando se jubile. Antes pasaba las vacaciones en la casa paterna, situada en Baleira, pero allí ya no queda nadie y la vivienda no está habitable, aunque la va a ver todos los años.