El marqués de Croix y el hospital

Adolfo de Abel Vilela

LUGO

El apoyo de este capitán general fue decisivo para la construcción del centro sanitario de los inválidos entre los años 1779 y 1790

05 ago 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

LUGO | En el primer artículo que dedicamos al cuartel de San Fernando, construido entre 1779 y 1790 para Hospital de Inhábiles, hablamos del mérito del edificio desde el punto de vista artístico, pues supuso un cambio no sólo en el estilo arquitectónico sino en la adecuación de la forma a su función prescindiendo del adorno por ser superfluo. Se pasa del barroco compostelano al neoclasicismo introducido por los ingenieros militares.

La concesión a perpetuidad de la feria anual de San Froilán en 1775, el aumento de la población que supuso la llegada de los inválidos, muchos con sus esposas, y los 10 años que duró la construcción del hospital, ayudó a mitigar la crisis económica que sufría la ciudad, ya que la obra pública facilitaba jornales.

Pontevedra nos disputaba el hospital, pero Lugo contaba con el apoyo del capitán general, marqués de Croix, que para asegurar la instalación ordenó buscar alojamientos provisionales, capaces y cómodos, para unos quinientos hombres. Se buscaron y arreglaron casas, pero la falta de edificios con un mínimo de dignidad, hizo que el capitán general advirtiese que si no se corregían las deficiencias, se podría malograr el proyecto.

Ya indicamos en el artículo anterior que con la reforma de Carlos III de 1761, los hábiles quedaron en Madrid, Castilla la Vieja, Valencia, Navarra y Guipúzcoa, Andalucía, Galicia y Extremadura. Los Inhábiles se organizan en veintiséis compañías: ocho en Sevilla, siete en Lugo, tres en Toro y ocho en San Felipe (Valencia).

Treinta y cuatro años después del inicio de los trámites para la construcción del hospital o residencia, se entregó al Cuerpo de Inhábiles. Sobraron 38.599 reales y 7 maravedíes. Algunas cantidades se destinaron a la construcción de armeros, perchas para las mochilas, y un canal para los comunes.

Hasta la construcción del seminario del obispo Aguirre, que se hizo entre 1888 y 1893 con más de 250 habitaciones, fue el edificio más grande de la ciudad. En los pisos se emplearon ciento treinta y dos vigas de madera de castaño bravo, 2.340 pontones, y 4.600 tablas de castaño, y en la armadura de la cubierta seiscientas vigas de distintos tamaños. Las ventanas eran ciento ochenta, y las puertas veinticinco.