Internos de Monterroso hacen las puertas para cárceles de Sudamérica

LUGO

En la sección también trabajan en la elaboración de piezas que encarga una empresa coruñesa

05 ago 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

lugo | Las puertas rastrillo de varias prisiones de nueva construcción de algunos países sudamericanos fueron preparadas en el taller de carpintería metálica del centro penitenciario de Monterroso. Esta sección, que da trabajo a una decena de internos, trabaja también en la realización de diversos encargos que efectúa una empresa erradicada en A Coruña. El taller es el más antiguo de los que funcionan en la penitenciaría. Fue abierto en el año 85 y abrió un campo excepcional porque años después comenzaron a funcionar los de ferralla y cableado.

El taller fue puesto en marcha dentro del programa de formación y empleo. Entre sus principales objetivos está el de conseguir cualificación profesional y la inserción laboral de los internos, facilitándoles la incorporación en el sistema laboral una vez que recobren la libertad.

El principal cliente del taller es la propia administración penitenciaria, aunque también hay algunas empresas privadas que encargan trabajos. «Somos ahora mismo la única prisión española en la que se fabrican las puertas rastrillo para otras cárceles», explicó uno de los internos que trabaja en el módulo.

De Monterroso salieron las puertas para prisiones de Argentina y Venezuela. También hay pedidos para otros países. Además, los rastrillos de la nueva cárcel de Barcelona y los de la de Santoña llevan también sello monterrosino.

En la relación de productos que se elaboran en el taller figuran también soportes para muebles de baño y mamparas y chapas galvanizadas. A su vez, preparan claraboyas para cúpulas de centros comerciales. «¿Se fijó en la que hay en As Termas?», preguntó uno de los trabajadores del taller. «La hicimos nosotros», respondió rápidamente. Otras realizaciones son las papeleras que luego se instalarán en los nuevos centros penitenciarios españoles.

Al igual que sucede en los demás talleres, en éste los internos tienen que pasar por el detector, tanto a la entrada como a la salida, para evitar que puedan introducir o sacar algún objeto. Por el trabajo reciben un salario y están asegurados.

De los diez que vienen trabajando habitualmente en el módulo, sólo tres son de nacionalidad española, lo cual da una idea de la torre de Babel en que se convirtió este centro monterrosino. Esta circunstancia conlleva diversas actividades escolares no sólo con los que no conocen el idioma español sino con los que, además, son analfabetos en su propia lengua. Los maestros del centro ocupan alrededor del 25% de la población y, la formación ocupacional laboral, con distintas acciones formativas, incluye a más de otro 30%, según los datos aportados en el centro.