Rúa da Raíña
07 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.Como todos los años -salvo el pasado- desde hace 14, los árbitros de Lugo celebraron su cena de hermandad de final de temporada. Una pitanza con la que mitigar los sinsabores de una actividad que los colegiados aprecian y degustan cada domingo. El lugar escogido, el restaurante Manuel Manuel. Árbitros, encabezados por el delegado en Lugo, José Ángel Varela y su segundo, José Manuel Rivas . Políticos y, sobre todo, el estamento arbitral lucense, al que acompañaron los jueces del fútbol profesional gallego, que fueron agasajados: Ignacio García , Bernardino González , y Marcos García . Pretexto La cena, abundante y sabrosa, era apenas el pretexto para unir por un día a los antes conocidos como esos señores de negro. También hay señoras. Salta la oratoria Tras la pitanza, los discursos. Varela Bargueiras como maestro de ceremonias. A continuación, el delegado provincial de deportes, Eduardo Fernández, que evocó sus tiempos de futbolista. «Yo era muy crítico con vosotros. En un partido con el Cerceda, Fernández Albite , que era el árbitro, nos pitó un penalti que no era. Al descanso, me agarró y me dijo: 'soy un deportista y me equivoco como tú'. Se me quedó grabado», comentó. El turno lo cogió otro personaje habituado a los discursos. El alcalde, López Orozco , se preguntó: «¿Qué sería del deporte, del fútbol, sin los árbitros?». Y él mismo se contestó: «Sería imposible». De postre, emoción Los jóvenes colegiados, cada vez más en Lugo, «aunque en número insuficiente», como recordó Varela Bargueiras, tenían una sorpresa en forma de regalo para con sus directivos. Lograron que alguna lágrima estuviese a punto de salir de sus ojos. «No me merecía nada de esto», acertó a decir Rivas. «Me limito a intentar ayudar un poco». La emoción hacía presa en él, así como en Varela. José García Cabreiros , el presidente de los árbitros gallegos, lanzó una petición: «Tenemos que aceptar las discrepancias».