TRIBUNA | O |
05 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.MIENTRAS los políticos siguen apurando la ambrosía de los pactos de gobierno; los ciudadanos reposan la marea electoral. Han vuelto a lo suyo, a las banderas de la vida ordinaria, a la paz de cada día, a las carencias que padecen en sus barrios, a las insuficiencias de sus aldeas, a las romerías de sus sueños. Piensan que los elegidos, con su voto, habrán de atar los perros con longaniza; ponerles un piso con vistas al mar y asfaltar las corredoiras . La democracia es hermosa porque ayuda a soñar. Los políticos se quitan y ponen foulares y los primeros meses reparten sonrisas agradecidas y muecas de disgusto si han perdido. También esparcen humo porque el humo es la panacea política por excelencia. El humo oculta los errores; disculpa la pasividad y tapa las calles mal asfaltadas. Las gentes de Lugo, según dice una información de hace unos días de Xavier Lombardero, fumaron más de 26 millones de cajetillas de tabaco el año pasado, frente a consumos superiores registrados en los tres años anteriores. Parece ser que Lugo es la provincia gallega con tendencia a reducir más el consumo, y la ley antitabaco ayudó a que bajasen los humos. El mes de agosto es el de más ventas, porque emigrantes retornados, turistas y por ahí vienen a echarnos los humos. Yo digo que para venenos, los humos de los políticos. Tan pronto como se apaguen las chimeneas y soberbias de los votos, que empiecen a trabajar. O sea, más obras y menos humo.