Muebles lusos a medida

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En directo | Carpinteros portugueses en Lugo Numerosos empresarios del país vecino incrementan su cartera de clientes con encargos de lucenses que buscan en estas firmas precios económicos y acabados de calidad

04 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

?ncontrar un buen carpintero del país, que haga muebles a medida y a un precio competitivo es una tarea no muy fácil. De este problema se percataron algunos industriales portugueses que están ganado cada vez más clientes en la provincia. La forma de contactar con ellos es a través del boca a boca y de gente que ha quedado satisfecha con el servicio prestado. Varias empresas familiares portuguesas están ampliando su cartera de clientes en la provincia, donde encontraron un filón para superar la crisis que está atravesando el sector en su país y que afecta especialmente a las pequeñas empresas. Los carpinteros que se desplazan a las cuatro provincias gallegas para efectuar las mediciones de los muebles a medida, que sirven aproximadamente en el plazo de un mes, proceden de diferentes localidades del norte del país vecino. Algunos de ellos cuentan con clientes incluso en Francia. Una pareja de recién casados de la capital lucense, con piso nuevo, llegó a uno de estos carpinteros de la localidad lusa de Braga, a través de otro familiar, al que le había instalado un armario de madera maciza, a menos de la mitad del precio que le habían presupuestado otros profesionales lucenses. Presupuestos Después de consultar presupuestos en varias carpinterías de la capital el matrimonio optó por probar suerte con la posibilidad que se les presentaba, procedente de Portugal. La sorpresa llegó primero de la mano del presupuesto. Los empresarios lucenses pedían por un armario de castaño de tres puertas sobre 3.000 euros, con una diferencia no demasiado significativa entre ellos. El empresario luso se comprometió a tener listo el mueble en un mes, con un diseño similar, y a poco más de mil euros. El empresario visita al cliente antes de presentar el presupuesto, eso sí, sin demasiado detalle, ninguno para ser más exactos, sobre los componentes del armario, el diseño, el tipo de madera a emplear, los precios de las piezas y demás y con una única nota en la que aparecía el coste final del artículo. El profesional mide, realiza fotografías con el móvil de la pared en la que va a instalar el mueble y toma sus anotaciones en una libreta, antes de fijar la fecha de la entrega. En un mes, día arriba, día abajo sobre lo pactado verbalmente, los clientes reciben una llamada del carpintero luso, en la que les anuncia que al día siguiente por la mañana le instalarán el pedido. Más o menos a la hora pactada aparece la furgoneta con tres personas y las piezas del armario, que en poco más de dos horas queda perfectamente instalado y bien rematado. El ruido que realizan en el domicilio es el imprescindible porque todas las piezas llegan listas para ensamblar y ninguno de los operarios pierde tiempo en conversaciones inútiles. Rapidez El precio, el pactado inicialmente. Esta variable, junto con la rapidez le ha aportado una publidad gratuita al empresario, que se traduce en más clientes. Su teléfono rueda de mano en mano. Él y los miembros de su cuadrilla recogen todo, dejan la habitación aceptablemente limpia y salen con premura a instalar el siguiente armario. En este caso el cliente es un vecino de Friol. La lista de Lugo de este empresario es amplia y los encargos, cada vez más numerosos. Una recomendación, eso sí, es preciso controlar los diseños porque el gusto que impera en el país vecino muchas veces no coincide con el lucense. La competencia entre los propios profesionales portugueses también va en aumento, dado que ya existe una larga lista de desplazados en busca de clientes.