«Cocos» que asolan bosques

Fernanda Follana OS ANCARES

LUGO

FOTOS: F. FOLLANA

En directo | Vecinos de Os Ancares temen los efectos de la fumigación de las orugas Los habitantes de la zona afectada por la plaga de gusanos creen que las larvas quedaron ocultas en la tierra el año pasado y que la ausencia de lluvias poco o nada tiene que ver con su retorno

19 may 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

QUE ACTÚEN LOS TÉCNICOS. Bernardino Amigo confía en los expertos, pero quiere estar informado de sus actuaciones COMBATIR AL ESCARABAJO. Jesús López recuerda cómo llegaron los escarabajos a la comarca y las formas para combatirlos LA FUMIGACIÓN PREOCUPA. Dolores Ramos quiere saber las consecuencias que tendrá para la población y para los animales «¡Quedaron sembrados!» aseguró con humor Jesús López, un octogenario de O Piornedo, para explicar que las orugas, os cocos como se les conoce popularmente, se hayan instalado otra vez en los bosques de Os Ancares. A muchos en el lugar la noticia les coge por sorpresa, porque a estas alturas de la primavera los efectos de la plaga no son todavía evidentes; las hojas de los árboles están brotando y las larvas, de tamaño aún diminuto, comienzan a roer sus bordes. «O ano pasado cando se viron, xa tiñan todo comido», apunta con perspicacia un vecino, que recuerda que entonces la plaga se detectó a mediados de junio, casi un mes más tarde que esta temporada y cuando los gusanos eran mucho más grandes. Campos de fútbol La orugas quemaron el año pasado unas 25 hectáreas de bosque, que equivalen a 50 campos de de fútbol de Primera División. Como el terreno en Os Ancares es quebrado, rinde mucho más. La superficie afectada se extiende desde la serra de Agulleiro, en las proximidades de O Piornedo, hasta la campa de Ortigoso, adonde se puede acceder fácilmente por campa da Braña. Entre estas dos localidades, que distan unos tres kilómetros en línea recta y 16 por carretera, las orugas ocupan también el Avisedo de Os Cabaniños. En peligro está la masa de frondosas más importante de Galicia. En O Piornedo, quizás por la proximidad del monte do Bidual o Agulleiro y el impacto visual de la sequía, la plaga se aprecia más que en ningún sitio. Si se saca la conversación, el tema da para largo y las referencias al año pasado son continuas. Los vecinos recuerdan que desde O Piornedo podían ver el monte do Bidual seco en pleno verano y muchos se acercaron hasta allí para presenciar en persona el espectáculo esperpéntico. Dicen que la acción voraz de los gusanos comiendo las hojas se escuchaba en el bosque en forma de un chac-chac continuo y que las larvas dos o tres veces mayores que las que se ven ahora, invadían por millares los árboles y prendían en las ropas. Un espectáculo En la mente de todos está también que la escasez de luvias se llevó las culpas de la plaga y que los técnicos apuntaron que las orugas podrían reproducirse si se repetía un invierno seco y no muy frío. Los vecinos discrepan. «Pola seca non é, co que choveu estes días», afirma Jesús. Sin embargo, al margen de las nevadas, este invierno tampoco fue especialmente duro en Os Ancares y aunque más lluvioso que el anterior no cayeron las heladas tan frecuentes de antaño. El manido cambio cimático, al que muchos estudiosos también atribuyen la extinción completa del urogallo en Os Ancares lucenses, continúa haciendo de las suyas en el ecosistema de la montaña. La hostelera María Dolores Ramos Cascallar asegura que el espectáculo daba pena. «Todo o mundo estaba flipado xente afeita ó monte e velo así, era moi triste», asegura. «Algo hai que facer -insiste- porque o ano pasado dicían que cun só proceso de seca non pasada nada, pero que se se repetía a plaga podían perigar os árboles». Dolores Ramos está preocupada por las consecuencias de la fumigación, aunque respeta que se lleve a cabo si los expertos la consideran necesaria. Eso sí, demandó información. «Terán que avisar do día que se vai botar o insecticida e comunicar se é necesario quitar as vacas do monte ou avisar ós turistas para que non vaian». Para Bernardino Amigo, representate de los propietarios de la reserva en la Xunta Consultiva, tienen que ser los expertos en plagas quienes decidan como combatir a estos insectos. «Pero sempre -puntualiza- acordándose das outras especies que habitan no monte: como se soe dicir non desvestir un santo para vestir outro». Este propietario considera que para cualquier decisión se debe contar siempre con los propietarios de la reserva. «Neste caso -apunta- máis para información nosa que para decidir se se fumiga ou non, porque nós non temos coñecementos para valorar a mellor actuación, pero si temos gando no monte e intereses cinexéticos». El jubilado de O Piornedo Jesús López también tiene su opinión al respecto. «¿Os cocos? -apunta- ¿Que vou dicir eu se non subo a velos? Quedaron sembrados do ano pasado, e os ovos enterrados». En su opinión no vuelven por la sequía porque llovió en estos días. Escarabajos chamuscados Jesús López no recuerda ninguna otra plaga en la zona. «Aínda lembro -asegura- cando non había nin o escaraballo nas patacas, que hai 60 anos ou máis que apareceu». «A primerira vez que veu, -recuerda este jubilado- quitábanse os cocos un por un da planta e metíanse nun cacharrín e logo queimábanse». «Pero deron en dicir -añade- que o fume contaminaba, e ao ano seguinte botábanse nun caldeiro con auga fervendo e roxábanse. Despois apareceu o insecticida, e os cocos empezáronse a chamar escaraballos».