Jornada de la Vida Consagrada

FRAY JOSÉ GÓMEZ

LUGO

CARTA PASTORAL | O |

02 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

SE CUMPLEN ahora 10 años desde que el papa Juan Pablo II instituyó la Jornada de la Vida Consagrada que habría de celebrarse con carácter universal el 2 de febrero de cada año, fiesta de la presentación del Niño Jesús en el Templo. Desde entonces numerosos miembros de institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica se congregan en las diversas diócesis en torno al obispo diocesano y, en comunión con los otros miembros del Pueblo de Dios, manifiestan conjuntamente su ferviente gratitud al Señor por el gran don de la Vida Consagrada. Era esperanza del Papa que la celebración de esta jornada universal de Acción de Gracias sirviese, al mismo tiempo, «para promover en todo el Pueblo de Dios el conocimiento y la estima de la Vida Consagrada», signo de la Iglesia, llamada en cada uno de sus miembros a «vivir en tensión hacia el Todo de Dios, siguiendo a Cristo con la luz y con la fuerza del Espíritu Santo». De forma especial deseaba el Sumo Pontífice que esta Jornada ayudase a las personas consagradas, «comprometidas en trabajos sofocantes» en ambientes «agitados y distraídos» a volver a las fuentes de su vocación, reflexionando sobre su vida y renovando su consagración. Porque la vida de las personas consagradas será tanto más fecunda -escribía- «cuanto más íntima sea su entrega al Señor Jesús, más fraterna la vida comunitaria y más ardiente el compromiso en la misión específica del Instituto», sin dejarse conducir por el desánimo, el pesimismo o el cansancio. El amor que el Espíritu infunde en los corazones, ha de llevar a interrogarse constantemente sobre las necesidades de la humanidad y sobre cómo responder a ellas. Toda la comunidad cristiana es responsable de la Vida Consagrada y de la acogida a las nuevas vocaciones.