Lugo de mozas

LUGO

TRIBUNA | O |

12 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

HE vuelto, regresé, pero ya todo era distinto. O acaso no y era yo quien había cambiado. Y el otoño caminó bajando por el río y las guirnaldas de luz anunciaban octubre en Froilán santo patrón de Lugo y de León. Llegaba, entraba por la puerta de la mar la que desde la costa mariñana trae todo el Atlántico franqueando la muralla por San Fernando, casi a espaldas de donde traspasó Mendiño, el poeta enamorado, los muros de piedra que guardaban la ciudad en el año mil y pico de ave, que viene contado en don Cunqueiro, testigo de la calandria que se posó en el hombro del doliente trovador. Llegaba estrenando adolescencia, buscando el barco varado cabe la rúa da Raíña, con la proa enfilando la plaza mayor. El añorado hotel Méndez Núñez que me acogía con la hospitalidad generosa de don Paco. Y todo era nuevo, como el esmoquin prestado para bailar como un debutante antiguo y enamorarme eternamente en el baile de gala del Círculo. Y he vuelto inaugurando el otoño y el paisaje retornaba a un tiempo que ya se fue borrando de todos los daguerrotipos. Y reconstruía la fragilidad de la memoria que se fue quedando en el tabladillo de la farsa del espectáculo "culto y moral" de Barriga Verde, del Teatro Argentino de Manolo Llorens o del Chino de Antonio Encinas, con cupletistas y zaragatos que hacían del astracán un arte y de los dobles sentidos pícaros una filigrana dialéctica que esquivaba la censura. E iba de un lado a otro deteniéndome en la tómbola del cubo, o girando bobalicón en el tiovivo, en el carrusel que ponía nombres épicos a los caballitos. Yo siempre preferí Rocinante a Furia. Y cuando la noche se dejaba custodiar por los negrillos ¿se acuerdan? del Cantón, bailábamos a la luz de la luna un pasodoble, -¿o era la piragua de Guillermo?- que sigue sonando a fiesta y a primer amor. Nos escribimos durante un curso entero y con el verano llegó el silencio. Recuerdo sus cartas con una rúbrica de carmín que sellaban sus labios como firma. Y volví, y he de volver como en una estrofa de un poema de Pimentel, Lugo das mozas y de domingo, iré a Lugo cuando san Froilán venga otra vez prologando el otoño. Lugo cefalopodofilico, con el pulpo hirviendo en los calderos de cobre, estación termini de mi crónica sentimental, cita primera, feria mayor para una fiesta patricia y la banda tocando en el templete la partitura de los mediodías dejaba en el aire la melodía de todos los presagios. Encajo las piezas en el puzle antiguo y llega Lugo.