Crónica | La reforma que convirtió el comedor del Méndez en tienda moderna Los autores del proyecto de Stradivarius se marcaron el reto de conservar los elementos decorativos del antiguo salón solemne para integrarlos en su nuevo diseño
23 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Tres meses tardaron en reconvertir el viejo comedor del hotel Méndez Núñez, en plena calle da Raíña, en la primera tienda Stradivarius, perteneciente al gigante Inditex, con la nueva imagen. El reto que se le planteó en su día a Sergio Vicente, el decorador encargado de la reforma, fue mantener las señas de identidad que aún conservaba un salón diseñado en el año 1928, respetando las líneas marcadas por una empresa que se dedica a la venta de ropa, destinada a un segmento de gente joven. El objetivo se concretaba en respetar elementos característicos del antiguo comedor, que, pese a que fue sede de varios bancos con posterioridad que realizaron reformas, conservaba vidrieras, artesonado, mampostería y lámparas, entre otros elementos. Era preciso hacerlas compatibles con la nueva decoración que Stradivarius estrenó en Lugo y que después trasladó a la tienda de A Coruña, que se inauguró diez días después de la lucense. Las obras duraron tres meses. Uno de ellos lo dedicaron prácticamente en su totalidad a desescombrar la sala que antaño dio acogida a fiestas de postín y a banquetes de boda de destacados miembros de la sociedad lucense de la época y que fue sometido a reformas por parte de los bancos que ocuparon este espacio en sucesivas etapas. «Fue bastante complicado -apuntó Sergi Vicente- hubo un desescombro bastante elaborado y fue necesario adaptar las instalaciones al ignifugado y al acceso a personas con minusvalías, además de buscar soluciones para las canalizaciones». La gran cantidad de madera que aún se conservaba en el recinto, tanto en el techo como en las paredes, constituyó un problema desde un principio. Los autores del proyecto de reforma del local se vieron obligados a buscar una solución satisfactoria para cumplir con los dos objetivos marcados, conservar y adaptarse a las múltiples normativas en vigor, algo que no resultaba fácil, teniendo en cuenta el uso previsto para las dependencias. El falso techo no es el original del antiguo comedor, sino una réplica reproducida milímetro a milímetro. La madera original se conserva en parte, según explicó el decorador, por debajo de un sándwich de placa acústica que instalaron para insonorizar perfectamente el local. A las canalizaciones de climatización, que en otros proyectos forman parte importante de la decoración, tuvieron que buscarles también soluciones para que no quedaran a la vista. Recurrieron al suelo y al techo. Las antiguas vidrieras con los escudos de las cuatro provincias gallegas las restauraron, respetándolas fielmente, al igual que las lámparas, a las que a través del color les aportaron un aire acorde con el nuevo uso. Al final, los resultados del trabajo que en la fase inicial desempeñaron diez personas y que en la segunda congregó a 20, entre electricistas, carpinteros y pintores, están a la vista. Quizá que las paredes de los vestuarios no dejen al descubierto en toda su extensión las vidrieras, pero el resto de los elementos conservados brillan con luz propia. En la fachada los resultados también son apreciables. Tres pórticos de piedra con granito autóctono sustituyen al frío diseño de los últimos años, que sustituyó a las cristaleras originales hace ya muchos años. Sergi Vicente confiesa que está satisfecho de los resultados obtenidos, aunque reconoce que supuso un esfuerzo superior por los condicionantes que marcaba un recinto con elementos de interés.