Crónica | Así se planificó la entrada en Lugo de 2,5 kilos de droga El fiscal pidió 35 años de cárcel para un dominicano, su amante colombiana y un obrero que contrataron para una operación que fue desbaratada por la Guardia Civil
10 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.? la siguiente historia no le falta ni un solo ingrediente para ser la trama perfecta de una atractiva novela. Amor, lágrimas, mentiras y cocaína. Estas son algunas de las piezas de una trama supuestamente urdida por un dominicano y su amante para hacerse millonarios con el reparto de dos kilos y medio de coca en la capital lucense. Cuando les faltaban sólo diez kilómetros para el triunfo, un rutinario control de la Guardia Civil echó al traste todos sus deseos de ser ricos. Ayer, en el juicio celebrado en la Audiencia Provincial, el que presuntamente es el artífice de la trama lloró desesperadamente porque el obrero de la construcción, al que supuestamente contrató para traer la droga y así lavarse las manos ante cualquier problema, le delató. La operación se inició en Ferrol en la madrugada el 27 de agosto del año pasado y acabó pocas horas después en Rábade. El supuesto ideólogo de la distribución de la cocaína es Manuel Joaquín Méndez Lorenzo, un dominicano con antecedentes por un delito contra la salud pública que en el Caribe tuvo una época dorada, gloriosa. Su familia, según contó, llegó a gobernar toda una provincia y él, con sólo 16 años, «ya tenía un Porsche». La droga (es adicto desde hace 15 años) le llevó a la ruina. Se casó hace 23 años pero hace algún tiempo se cruzó en su camino la colombiana María Fernanda García Olave, también acusada en este caso. Se enamoró y empezó una relación que ocultó a su esposa. Ésta, desesperada, cayó en una depresión e intentó «cortarse las venas», según contó el imputado. Manuel no quería, por nada del mundo, que su mujer se enterase del idilio y, por eso, le mintió en la madrugada del 27 de agosto del año pasado cuando salió de casa en un coche que había alquilado previamente. «Le dije que iba a ver a mis padres a Gijón», explicó. A donde iba realmente era a Ferrol para, supuestamente, recoger la droga en la casa de su amante. Como Manuel y María Fernanda querían tener los menos problemas posibles, presuntamente contrataron a Elvis Jesús Rosario, un dominicano que trabajaba colocando azulejo en Lugo y que económicamente estaba a dos velas. Ayer, en el juicio, dijo que se le habían puesto los «ojos como platos» cuando le ofrecieron 3.000 euros por traer unos paquetes desde Ferrol. Desde ese momento, parece que no pensó más que en el dinero. Manuel alquiló un coche y recogió a su amante con la que, según dijo, ya no tenía buenas relaciones desde hacía algunos meses debido a varias discusiones. Para ese viaje hacia Lugo había un tercer pasajero: Elvis; de equipaje, dos mochilas con droga. Todo iba bien hasta que, en Rábade, la Guardia Civil estableció un control rutinario en la A-6 y paró el vehículo. Los agentes descubrieron la coca oculta en las mochilas. Si los guardias no hubiesen estado allí, los presuntos autores de la operación habrían conseguido unos beneficios superiores a los 207.000 euros, que fue el valor de la droga. «No sé absolutamente nada de eso», dijo en la vista Manuel Joaquín cuando el fiscal le preguntó por la operación. «Nunca trafiqué. Lo máximo que llegué a tener fueron 20 gramos para mi consumo. Si hubiese traído la droga en el coche, habría tenido tiempo de tirarla por la ventanilla antes del control. A mí no me dijeron nada que venía en las mochilas», destacó. Explicó que cuando faltaban 300 metros para el control a Elvis, «que ahora va de gallito, le saltaban los ojos con los nervios». Añadió, además: «Si sé que la droga iba en el coche, no le hubiese parado a la policía». Ya se veía que las miradas entre Manuel y Elvis echaban chispas. Los dos empezaron a inculparse y, finalmente, el citado en primer lugar abandonó la sala, escoltado por los guardias, con llantos y lágrimas debido «a las mentiras de Elvis». «¡Mentiroso! ¡Inconsciente!,», le llamó a su enemigo. Antes de que esto sucediera culpó a éste de haberles ofrecido, en los calabozos de la Guardia Civil, 35.000 euros para que cargasen con la droga. Elvis declaró que estaba enamorado de una hija de Manuel y contó, además, que éste le ofreció ganar el doble de lo que cobraba poniendo ladrillos con sólo traer un paquete que debería entregar a la entrada del parque de Frigsa. «Él (refiriéndose a Manuel Joaquín) tenía antecedentes y no quería que le implicasen. Ellos son pareja y ahora van a por mi», dijo Elvis. Este acusado también destacó que cambió su declaración inicial «porque era mentira». Aseguró que una de las mochilas en las que venía la droga no era suya. El fiscal pidió para Manuel Joaquín una pena de 13 años de prisión por su condición de reincidente. Para los otros dos reclamó 11 años para cada uno. Las defensas del principal imputado y de su compañera sentimental plantearon que, en caso de no ser absueltos, que se tuviera en cuenta la eximente de drogadicción.