En directo | Ganaderos en desacuerdo Acruga aplazó las votaciones al formarse un tumulto en la asamblea como consecuencia de discrepancias entre los candidatos y quienes los apoyan
06 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.?a asamblea de Acruga se presentaba difícil, pero nada parecía aventurar que tras acabar como el rosario de la aurora, con duras acusaciones y enfrentamientos, minutos más tarde coincidieran todos, incluido el presidente en funciones, César Dorado, degustando unos pinchos en un restaurante de Montero Ríos, en amor y compañía. Y, es que como decía más de uno, «Acruga somos todos». El ágape sirvió para quitarle algo de hierro a la tensión vivida horas antes, que incluso significó enfrentamientos personales y agarradas, que, no llegaron a mayores. No se sabe muy bien si fue porque los participantes se contuvieron o si la amplia presencia de la Policía Local, sirvió para disuadir a más de uno de sobrepasar el límite de las palabras. Parte del millar de asistentes a la asamblea se marchó, avergonzado por el espectáculo presenciado. Y, a los pinchos, anunciados reiteradamente desde la megafonía del salón de actos de Caixa Rural por Dorado, se fueron todos, sin haber decidido siquiera si éste continuaba al frente de la asociación o si lo habían José Ferreiro o Antonio Núñez Torrón, los candidatos alternativos y sin aprobar el presupuesto para este año, ni las cuentas del anterior. El voto delegado, que tan de moda está últimamente, encendió la chispa de un conflicto anunciado. Algunos de los socios presentes no salían de su asombro cuando uno de los que citó en notario se levantó para decir que quería recuperar su voto presencial porque se sentía engañado. Dijo que había firmado un papel en blanco, cuando se dio de alta en la organización, que lo utilizaron para votar por él. La convocatoria ya se adivinaba conflictiva y el presidente en funciones se hizo acompañar del asesor Carlos Costas y de un notario. Éste levantó acta de que cinco miembros de la junta de gobierno en funciones decidían suspender la asamblea, dejando prácticamente solo a Dorado. Recogió las quejas como si del muro de las lamentaciones se tratara, de quienes querían efectuar alguna protesta. Hubo quien le pidió que anotara «igualdade, en letras grandes para que se vexa» y el mensaje que quería transmitir era el de que tenían derecho al mismo trato los socios con cuatro vacas o con cuatrocientas. Varios más hicieron constar que querían votar, pero que no se lo permitía. César Dorado decidirá mañana qué va a hacer para superar una profunda crisis, que con Ricardo Rosón no se hubiera producido. Pensará si convoca una asamblea inicial para aprobar cuentas y presupuesto y una posterior electoral. El presidente en funciones no se cansó de repetir que el follón estaba preparado de antemano «por un grupo reducido, que viñan a facer escándalo».