TESTIMONIOS OLVIDADOS
17 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Existen otros dos documentos históricos -al igual que la obra de Casares, tan valiosos como poco conocidos- que confirman en mayor o menor medida la tesis del científico monfortino sobre la llegada de la mencía a Galicia a raíz de la plaga de la filoxera. Uno de ellos, la memoria de la Junta Consultiva Agronómica Nacional sobre la invasión filoxérica en España, se conserva en el archivo del Ministerio de Agricultura. Este informe, que vio la luz en 1911, incluye a la mencía en un listado de cepas introducidas después de la devastadora plaga, al igual que la garnachas tintorera y común, y la blanca Jerez . Hay un segundo trabajo al respecto, más exhaustivo que el anterior, elaborado por Darío Fernández Crespo, que fue director de la Estación Ampelográfica Provincial (la ampelografía es la ciencia que estudia la morfología de la vid), un centro hoy totalmente olvidado que comenzó a funcionar en Monforte precisamente como consecuencia de la filoxera. El autor alude a la importación de la mencía por parte de un viverista de Valdeorras, en 1884, y sitúa su origen en la comarca francesa del Medoc, incluyéndola en la familia de los cabernets , sin más detalles. El pazo de los Batanero Según su testimonio, el pazo de la familia Batanero, en el municipio de Ribas do Sil, pudo ser uno de los primeros puntos de destino en la Ribeira Sacra de esta mencía emparentada con los cabernets bordeleses y que habría llegado al viverista que comenzó a distribuirla en Valdeorras a través de un importador catalán. No obstante, Fernández Crespo incurre en una aparente contradicción al aludir en su libro al carácter «histórico» de la mencía después de haber situado su llegada a Galicia con posterioridad a la filoxera. Algún autor ha sugerido al respecto que esta variedad pudo existir, aunque minoritariamente, antes de esta plaga, y que los sarmientos de cabernet traídos de Burdeos a finales del siglo XIX habrían sido rebautizados así por una cuestión de similitud.