Amor a los coches clásicos

Eva Ocampo VILALBA

LUGO

ÓSCAR CELA

Reportaje | Coleccionismo Manuel Vérez, vilalbés de nacimiento, posee una colección de 10 automóviles antiguos a los que dedica gran parte de su tiempo, pues él mismo se encarga de la mecánica

29 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

«Se empieza sin querer, bueno, realmente siempre tiene que haber una querencia. Siempre tuve afición», afirma Manuel Vérez, un vilalbés, joyero de profesión y ahora jubilado, que describe con pasión sus inicios como coleccionista de coches antiguos. Un hombre con una vida intensa que nació en 1928, se marchó de su localidad natal en 1948, trabajó ocho años en Cuba como secretario de la Unión Vilalbesa y su Comarca y desde el año 1963 vive en Madrid, aunque visita cada vez más a menudo la tierra que lo vio nacer. Hijo de un taxista, Manolo da Pena o Manolo do Norte, como lo conocían sus vecinos, su relación con los automóviles empezó desde muy joven. «Mi padre en su coche lo arreglaba todo y yo le ayudaba. Conozco los mecanismos de estos vehículos aunque nunca me dediqué a ésto», declara. «Empecé comprando un Citroën cuatro caballos y después me regalaron otros cuatro», añade. La mayoría de su colección son obsequios de gente a la que le daba pena mandar sus automóviles antiguos al desguace. «Te los dan porque saben que los vas a cuidar», explica. Actualmente, su mujer y él, como le gusta aclarar, son dueños de 10 de estos clásicos: «Tener estos coches no es alarde de que tengo. Para mi tienen valor porque tengo cientos de horas de trabajo en ellos», manifiesta Manuel Vérez. «Me gusta enseñar el motor, el resultado de mi trabajo, que la gente joven vea la evolución», dice, orgulloso. Reparaciones Uno de los más admirados es un Ford T, marca por la que siente un especial cariño, pues su padre trabajó en una fábrica de Ford en Detroit (EE.?UU.?), adonde emigró. A la hora de realizar arreglos en los vehículos, Vérez destaca la eficacia de la industria norteamericana, a diferencia de la española. «Para Ford tenemos todas las piezas, hay catálogos con sus referencias. No ocurre lo mismo con otras marcas», asegura. Manuel Vérez ha viajado varias veces a Estados Unidos y está encantado con el servicio que ofrecen los establecimientos de venta de recambios. «En cualquier tienda de repuestos norteamericana te abastecen de piezas de un coche del año 1967 ese mismo día por la tarde», destaca. Su casa de Vilalba acoge siete de los coches, pero como el garaje se hace pequeño, los otros tres se los custodian sus amigos. Todos ellos aún funcionan aunque es necesario practicar previamente: por eso sabe muy bien a quién deja sus clásicos. Modelos Algunos de los modelos que posee son un Ford T de 1927, un Ford A de 1929, un Citroën cinco caballos de 1925, un Citröën C-11 de 1943, un escarabajo de 1963, un Simca 1000 de 1966 o un Mercedes de 1969. La Escuela Técnica de Ferrol es la encargada de elaborar un dictamen antes de que el coche pase por la ITV. La posterior inspección es visual, por la especial mecánica de los automóviles. Otra de las cuestiones que afectan a estos vehículos es la matrícula, que Manuel aconseja que debe ser histórica, pues les permite circular. Por ejemplo, una de sus últimas adquisiciones, extranjera, no podrá conducirla hasta que no posea esta placa.