Del fuego a la electricidad

Lucía Peña LUGO

LUGO

FOTOS: ÓSCAR CELA

Reportaje | La Historia al trasluz La Diputación Provincial muestra una colección de lámparas y luminarias que van del 2.500 a. de C. al siglo XV, un recorrido de 4.000 años hasta la llegada del candil

18 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Muchas de ellas, iluminaron las iglesias bizantinas del siglo IV y ambientaron las copiosas comidas de los romanos pudientes. La colección de lucernas expuesta hasta final de mes en la Diputación es una oportunidad única para recorrer los 4.000 años de historia que separan el fuego de la electricidad en una sala de apenas 10 metros. El orden cronológico y el contraste de claroscuros son los dos ejes centrales de la visita. De este modo, son las lámparas sirias, del año 2.500 a. de C., las encargadas de dar la bienvenida. Su forma rudimentaria recuerda a la de un cenicero, pero ignorando parecidos, fue aceite y no ceniza lo que contuvieron en su día. Un trozo de cuerda a modo de mecha y una base de aceite de oliva, bastaron en su día para iluminar las casas de los hombres hasta la llegada del candil. Las lámparas griegas median para mostrar al visitante las romanas. El carácter imperial de su cultura marcó el diseño de las piezas, que se adaptó a cada zona ocupada. Así, en el relieve de las lucernas se aprecian elementos de la vida cotidiana, animales, o dioses como Hércules. Los romanos comenzaron a trabajar con moldes, estableciendo un hito en la elaboración de estos útiles que, hasta su civilización, se habían construido a mano. Los motivos cristianos llegaron en el siglo IV de la mano de los bizantinos, que continuarían su legado hasta el siglo VII. Por ello, a escasos cinco metros de donde el visitante comenzó su andadura, las piezas comienzan a tomar formas de cruces y personajes santos. «Que la luz de Cristo ilumine a todos», reza el borde de una de las lucernas de la antigua Bizancio. Ni cruces ni figuras humanas constituyen la imposición estética del Islam, la última de las culturas implicadas en la colección y la más reciente, del siglo XV. Esta cultura marca un nuevo hito en el recorrido histórico y lumínico del visitante. Las lámparas islámicas introducen los atauriques, motivos ornamentales basados en flores y ramos entrelazados, muy presentes en la Alhambra sevillana. Además de los adornos florales, el Islam introdujo los esmaltes y, por primera vez en la Historia, las lámparas cobran color. Costumbres Aunque esta exposición cuenta con más de 100 lucernas, según el arqueólogo lucense Enrique Alcorta, se han descubierto muy pocas a nivel mundial. «Lo más usual era que utilizasen cualquier recipiente de lo más sencillo con agua y aceite», explica el experto. En excavaciones llevadas a cabo en Lugo, aparecieron siete lámparas en la plaza del Ferrol, pero eran simbólicas, no domésticas. Esto significa que el uso de las piezas no tenía el carácter funcional y práctico de iluminar un espacio, sino que se enterraban con el difunto con el fin de mostrarle el camino hacia la muerte. Sin embargo, todas las lámparas de la muestra fueron de uso doméstico. «Las cogían por el asa y se las llevaban a la cama o comían con ellas», aclara Alcorta. Esta función también determinó, en parte, la misión de las mujeres, que se dedicaban a reponer el aceite de las lucernas. Repercusión «Es una de las mejores colecciones de España por cantidad, calidad de las piezas y extensión cronológica», afirma con rotundidad el especialista en arqueología, Enrique Alcorta Irastorza. Además, la presentación de la muestra es de gran belleza, primando la oscuridad del entorno y la sutilidad de la luz sobre las pequeñas lámparas, motivo suficiente para animarse a visitarla. El lucense Antonio Varela Dafonte se fue haciendo con estas 131 lamparillas a lo largo de sus múltiples viajes y estancias en el extranjero desempeñando sus funciones como diplomático. Él y su mujer, Sarah Álvarez-Miranda decidieron donar esta colección al Museo Provincial con el objetivo de mantener «vivas» a las lámparas. Por ello, los responsables de la institución cultural, guardarán siempre un especial recuerdo hacia su familia. La muestra de 131 luminarias pasará a formar parte de los fondos permanentes del Museo cuando finalice su estancia en la Diputación. De hecho, en la actualidad los responsables de la institución lucense ya estudian cómo llevar a cabo el montaje, muy posiblemente ubicado en la sección de arqueología. Por todo lo anterior, la donación de Varela Dafonte contribuirá de forma definitiva a consolidar la colección de epigrafía romana que posee el Museo Provincial como la mejor de Europa.