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Crónica | Actualidad urbanística de Vilalba La gran superficie del municipio obliga a prolongar los trabajos de campo necesarios para el PXOM, cuyos volúmenes de construcción serán estudiados a fondo

27 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

El Concello de Vilalba está inmerso, desde el pasado otoño, en el proceso de redacción de un plan de urbanismo, lo que equivale a decir que afronta una etapa básica para definir su futuro y concretar sus funciones a corto y a medio plazo. Adjudicada la redacción del documento, del que se encarga la empresa Idasa, el Concello anunció ya sus primeras intenciones, los grupos de la oposición (PSOE y BNG) mostraron impresiones sobre algunas directrices que se debían seguir y representantes de asociaciones del casco urbano y de la zona rural hicieron también oír su voz sobre asuntos que no deberían olvidarse en el futuro documento. Sin embargo, las opiniones expresadas hasta ahora son declaraciones de intenciones que podrán concretarse más adelante, cuando el avance del plan esté listo. Y el avance, según impresiones de la empresa y del Concello, estará listo en esta primavera pero algunas semanas después de lo previsto inicialmente. Al gobierno local no le sorprende que la elaboración de los trabajos de campo necesite un tiempo más que prudencial. En primer lugar, las dimensiones del municipio, con sus 379 kilómetros cuadrados y sus casi 700 núcleos de población, imponen un ritmo lento a los trabajos de campo. En segundo lugar, los trabajos de cartografía aérea -ya concluidos, según las informaciones recibidas ayer en el Concello- están acabados, pero sólo pueden realizarse en primavera por las condiciones atmosféricas que requieren. Mientras tanto, algunos de los criterios que imperarán en el futuro PXOM ya son estudiados con detalle por el Concello. El alcalde, el popular Agustín Baamonde, anunció ayer que sería necesario buscar un equilibrio entre la zona urbana y la rural para regular los volúmenes de construcción. El regidor subrayó que el futuro plan, para evitar advertencias de otra administraciones, debería ser «axeitado ás necesidades reais, non utópico». Una cuestión que parece clara es el análisis de las perspectivas de crecimiento en un municipio cuya población ronda los 16.000 habitantes y cuyo casco urbano se ha caracterizado en los últimos años por un importante impulso de la actividad de la construcción. Baamonde advierte que reducir las alturas de los edificios no sería sinónimo de armonía, ya que se podrían crear «dentes de serra que afearían algunhas rúas» por la alternancia de inmuebles construidos según las directrices del futuro plan y según las pautas de las normas antes vigentes. Sí parece más probable, en cambio, que se limiten los fondos de los edificios, que llegan en algunos casos a 30 metros, cuando llegue el momento de estudiar los volúmenes. Lo que resulta claro, por tanto, es que hay que tomar bien las medidas para que el futuro traje del urbanismo le siente bien a Vilalba.