La seis Cooperantes de la ONG Solidariedade Galega atendieron el año pasado en zonas deprimidas de Perú a 1.400 pacientes y formaron a profesionales locales de la sanidad
06 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Hace unos años, la ONG Anesvad, centrada en la atención a los enfermos de lepra en los países subdesarrollados, se anunciaba en la televisión mostrando a uno de sus miembros oculto tras una máscara de Lady Di y preguntando si hacía falta ser famosos para despertar la solidaridad y colaboración de los demás. Otro tanto podrían hacer las personas que colaboran Solidariedade Galega, organización que nació en A Coruña y que integran también numerosos profesionales de la sanidad de la provincia de Lugo, que ni por asomo es tan conocida como alguna entidad humanitaria de médicos, pero realiza una labor cuando menos tan eficiente. Desde 1997 miembros de esta entidad se desplazan anualmente a zonas deprimidas de Honduras, Nicaragua y Perú, fundamentalmente, para realizar operaciones catalogadas dentro de la cirugía de urgencias, casi todas relativamente sencillas en cualquier país avanzado pero fundamentales para la salud de muchas personas que carecen de casi todo. Entre el 15 de octubre y el 15 de noviembre últimos se desarrolló la campaña del 2004, en la que colaboraron un grupo de profesionales de la enfermería de los hospitales Xeral Calde de Lugo y Comarcal de Monforte. Del primero viajaron a Perú las cooperantes Mari Carmen Martínez, Lurdes Bermello, Maribel Carreira y Asun Vázquez . De Monforte participaron Mar Valcárcel y Carlos Agulló , pero también integraron el grupo, entre otros, la oftalmóloga pontevedresa Begoña Arca y Raúl Castro , anestesista oriundo de Cáceres, todos ellos coordinados por Pilar Reyes . El balance del mes de estancia en dos comarcas distintas fue de 1.400 pacientes atendidos entre las consultas de pediatría, de oftalmología y las intervenciones quirúrgicas. La primera quincena la pasaron en Huancavelica, situada a 4.200 metros de altitud, en plena sierra andina, y en la segunda estuvieron en Quillabamba, en la selva amazónica. Son dos de las comarcas más deprimidas de Perú, aunque en ambas hay hospital, instalación que resulta imprescindible para el tipo de trabajo que desarrollan. Además de atender a los pacientes y operarlos, llevan de aquí todo el material que necesitan, quirúrgico y medicamentos, y desarrollan una importantísima labor docente, aprovechando las operaciones para enseñarles a los profesionales peruanos las técnicas que se aplican aquí en cirugía de urgencias, labor que da sus frutos de inmediato, como comprueban cuando regresan al año siguiente. La carencia de banco de sangre les impide realizar otras operaciones de patologías muy frecuentes.