Crónica | Zapatero en Lugo El presidente del Gobierno usó las cuatro horas que estuvo en la ciudad para leer un discurso, pasear por el centro, saludar a los lucenses y degustar platos del San? Froilán
09 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Los lucenses, después del verano, están acostumbrados a salir a la calle y comprobar que llueve y hace frío. Ayer era un día de esos, el típico del San Froilán en el que el agua cae a chuzos. Cuando Zapatero llegó a la plaza Maior, sobre la una de la tarde, salió el sol. Las personas que le esperaban delante del consistorio no pudieron reprimir la broma de que tuvo que llegar el presidente para que dejase de llover. Su estancia en la capital fue de apenas cuatro horas, pero dejó la sensación de cercanía con los lucenses y de un desparpajo que a más de uno de los guardaespaldas les cambiaba sus planes. Salió del Concello, donde celebró junto con la ministra Magdalena Álvarez un acto institucional, y recorrió la alameda entre besos y apretones de manos. El alcalde era su guía, pero no sólo turístico, sino como presentador de la mayoría de los vecinos que se acercaban a Zapatero. Durante el recorrido por la plaza de Santa María, en dirección a la explanada de la puerta de Santiago, recibió el regalo de una señora y unas postales. «Guapo», le gritaban algunas mujeres, a lo que él les respondía con la mejor de sus sonrisas y con el gesto de recoger las manos sobre su espalda. Llegó entre aplausos a la plaza Pío XII. Se detuvo ante el solar del Vicerrectorado donde hay restos romanos, para después acceder al adarve y ver la habitual estampa de la Muralla. En el mismo sitio donde un 5 de octubre de 2001 se paseaba como candidato junto a varios cargos del PSOE. El secretario de Organización y diputado socialista, José Blanco, no dejaba en ningún momento sola a la ministra de Fomento, mientras que junto a Zapatero iban el alcalde, el delegado del Gobierno, Manuel Ameijeiras, diputados y ediles socialistas y otros concejales de la corporación local. La última cita fue en las casetas del pulpo. Se celebraba una comida a la que acudió algo más de un centenar de personas, una nutrida representación del mundo de la empresa, la política, el sindicalismo, el periodismo y la cultura de toda Galicia. Antes de entrar a la caseta de Alberto, y tras sacarse fotos con un grupo de jóvenes asturianos, quiso comprobar cómo se preparaba el afamado pulpo del San Froilán. La pulpeira Alicia, de Sarria, fue la encargada de las oportunas explicaciones y Zapatero confirmó lo que dijo en el salón de plenos, que el pulpo de Lugo era el mejor que había tomado de todas las ciudades en las que había estado. La comida contó con una mesa presidencial formada por el propio Zapatero, la ministra de Fomento, el alcalde de Lugo, el rector de la USC (Senén Barro), el delegado del Gobierno, el presidente de la Diputación (Francisco Cacharro), el diputado José Blanco, la presidenta de la Audiencia Provincial (María Josefa Ruíz Tovar), la portavoz municipal del PP (Manuela López Besteiro), el del BNG (Fernando Blanco), un edil del PSOE (José Ramón Gómez) y el presidente de Cogami (Domingo Dosil Cubelo). También estuvieron los alcaldes de Santiago (Sánchez Bugallo) y de Betanzos (Manuel Lagares), el director general de Caixa Galicia (José Luis Méndez), el director general de Caixanova (Julio Fernández Gayoso) y el presidente de La Voz de Galicia (Santiago Rey), además personalidades de la provincia. El menú comenzó, por petición expresa de Zapatero, con empanada de zamburiñas, para después adentrarse en la cocina del San Froilán: pulpo y carne ao caldeiro , y de postre tejas, cañas y queso con membrillo. A la salida de la caseta, al presidente del Gobierno le esperaba un buen número de personas, que querían estrecharle la mano. Entre ellas, una niña que tiene por ídolo a Zapatero, en vez de a los habituales cantantes y futbolistas. La pequeña se agarró emocionada a las piernas del presidente, mientras éste la invitaba a visitar la Moncloa. El alcalde se comprometía a cogerle los datos. Llegó el momento de la partida. Zapatero y Orozco se funden en un abrazo. Saludos en alto al público. Aplausos.