El encanto de las rapas, en Candaoso

La Voz Y. G. | VIVEIRO

LUGO

Crónica | El tirón turístico de la tradición viveirense Con 36 años de vida a sus espaldas, la cita volvió a encandilar a los visitantes

04 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?a aguja del reloj marca las once y cinco de la mañana. En lo alto del monte se recorta la silueta de tres jinetes sobre el fondo gris del cielo. El día está muy nublado y, aunque ahora caen unas amenazantes gotas, al final no lloverá. El clima respetará hoy la fiesta. Desde lejos, aquellos ganaderos disfrutan de una panorámica sin igual. Mucha gente está llegando al curro, copando la primera fila en las vallas para no perderse un espectáculo único. Y uno de los momentos cruciales llega. Unos 250 caballos surgen de la cumbre como por arte de magia, a todo trote ladera abajo. Es la primera estampa bella que los avezados fotógrafos tratan de captar. Buscan el impacto del primer plano. Los niños se entusiasman con la fuerza salvaje de los equinos. Una vez dentro del curro, comienza la rapa de Candaoso. La pelea de garañóns cautiva. Una espectadora exclama haciendo un símil con el mundo del boxeo: «¡Mira, Thyson contra el Potro de Vallecas!». Un niño disfruta al máximo. Sigue a su padre y le grita a su «púgil» favorito: «¡Agárralle o rabo!». Llega el turno del corte de las crines y el marcaje. Llega, por tanto, la otra lucha, entre el hombre y el caballo. Alguno trata de montar al animal pero este es más hábil. Frena en seco y le tira al suelo. El público aplaude las escenas que le hacen reír. Y se asombra ante la juventud de algún participante. Uno es un niño, de unos diez años y con una curiosa cicatriz en la sien. Con una maestría que deja boquiabierto al turista monta una de las reses. La comunidad de montes de San Andrés de Boimente, la organizadora, subraya la alta afluencia de visitantes. Como es costumbre, este año nombrarán un montero mayor. El alcalde, Melchor Roel, agradece el título y muestra su satisfacción por la fiesta y también por la protección de la cercana Fraga das Saímas. Al subdelegado del Gobierno, Jesús Otero, al lado, le fascina la rapa -«Es la primera vez que vengo», apuntó- y la calidad, sobre todo, del ganado vacuno que pastaba a sus anchas en el monte. A mediodía, Candaoso seguía recibiendo visitantes. Y ayer, unos muy especiales: cientos y cientos de motos de la concentración motera de Viveiro. Una imagen también con garra y fuerza.