Homenaje póstumo

| DOLORES CELA |

LUGO

DESDE EL ADARVE

20 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

DON JOSÉ no era amigo de homenajes ni de distinciones. Huía de ellos. Fue a lo largo de su prolongada vida, -plagada de anécdotas, sobre todo relacionadas con su capacidad de trabajo- una persona discreta, totalmente apartada de la vida social. Al fundador de Arjeriz, antes de que se retirara de sus negocios, no era fácil encontrarlo en el despacho. Pasaba la jornada laboral, de más de ocho horas generalmente, por la fábrica, camuflado con su bata de faena, como cualquier otro empleado. La labor de don José, un empresario a la antigua usanza, parco en palabras, que no consiguió poner en marcha la celulosa de Fazouro, uno de sus proyectos estrellas, no se la reconocieron las administraciones. Fueron sus antiguos trabajadores de la fábrica de Robra los que le rindieron un homenaje póstumo con su presencia en el funeral y sus poco numerosos, pero fieles amigos.