Las lecciones para los políticos

Xavier R. Lombardero LUGO

LUGO

FOTOS: ÓSCAR CELA

Análisis | Las urnas hablaron Los lucenses, votantes fieles y ex abstencionistas, se volcaron esta vez para decidir unos comicios polarizados en los que el PSOE sube un peldaño más en la provincia

15 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Para quienes el final de la dictadura franquista es una nebulosa en la memoria, o ni siquiera está, y para los que tenemos el 23-F como un fugaz episodio de la adolescencia, la masacre del día 11 en Madrid y la victoria del PSOE sobre el PP quedarán como días fundamentales de nuestra historia de España. Es así. Los vencedores como López Orozco han bautizado esta época para Lugo como un «tempo novo» y durante la noche electoral, ya con el triunfo en la mano, se preguntaba exultante: ¿Quien me va a hacer mi puente? Es de suponer que no tenga problemas con la obra sobre el Miño. La ciudad es hoy más socialista que nunca y por primera vez en unas generales el PSOE superó al PP. Desde que Orozco cogió la vara de mando, los populares no ganan para disgustos. El domingo la sede de la calle Salmón vivía, más que una fiesta (imposible tras el drama que vive toda España), un desahogo. Ni de los más atinados planes o de la mejor campaña cabía esperar estos resultados en la provincia. El PP sigue líder en votos, pero por estrechísimo margen y sólo puede vanagloriarse de mantener a sus tres senadores. Francisco Cacharro conserva la antigüedad en una Cámara menguada para el PP. El presidente de la Diputación es el quinto candidato más votado en la ciudad de Lugo, por detrás de Luis Ángel Lago Lage , que obtuvo 22.793 votos, César Aja , María Cristina López y Fernando Carlos Rodríguez . Si alguna vez tuvieron un pulso político, esta vez Lucho ha ganado en votos a un Cacharro molesto por las concentraciones ante sedes del PP el día anterior gracias a ejemplos como el de Cervo, municipio gobernado por el PP donde también ganó el PSOE. Apenas en Monterroso los socialistas perdieron el duelo contable con el PP pues los abstencionistas esta vez se repartieron entre las tres candidaturas principales y la fuerte subida del PSOE (pasó del 26,33% de los votos del año 2000 al 39,11%) no fue suficiente para colocarse líder en el municipio. Los candidatos y responsables del PP de Lugo guardaron las formas durante las votaciones, pero sabían que la alta participación encerraba con toda probabilidad, más allá del deseado homenaje a las víctimas, un voto de castigo por los últimos acontecimientos terroristas. El propio César Aja veía al PSOE doblar los refrendos en Viveiro mientras su partido caía diez puntos. Y ni siquiera Fernando Carlos Rodríguez fue el más votado en Sarria, pues la socialista María Cristina López Losada lo aventajó en un 1,5%. El secretario del PSOE, Ricardo Varela , exigía nada más conocer los resultados, la dimisión del gobierno municipal de Sarria (para el Congreso, los socialistas recibieron en la villa 1.600 votos más que en el año 2000, el PP también subió, pero el Bloque obtuvo algo menos de la mitad de sufragios) y tenía la vista puesta en una mejora general de resultados. Suben más del doble en Burela, Guitiriz, Guntín, Láncara, Lourenzá, Meira, A Pastoriza, Pol, Portomarín, Samos, o triplicar en Outeiro de Rei. El Bloque, con preludio de Xosé Manuel Beiras sobre la conveniencia de aplazar los comicios, ya barruntaba un muy mal resultado y apenas puede consolarse con la cosecha monfortina en una muy trabajada plaza, con alcalde incluido, que sabe a nada porque el BNG es la tercera fuerza en Monforte en las generales. Al final se lo tomaron con humor, sobre todo Xosé Antón Bao , que consiguió hacer subir a los nacionalistas en su pueblo, Becerreá, y en el vecino de As Nogais. Para desgracia de todos, incluido un BNG que además lloraba al querido Marcos Cela , esta vez la campaña estuvo centrada en Madrid, directa o colateralmente. Baste el ejemplo de Isabel Salazar o Joaquín García Díez , con hijos en la capital de España. El rápido resumen de unos y otros fue que en la victoria del PSOE han pesado decisivamente los votos de antiguos abstencionistas, indignados por horrores terroristas y errores que el PP ya empieza a asumir como propios. También contó en la misma línea el «voto útil» que por similar motivo saqueó las previsiones de BNG o IU al polarizar la votación. No falta quien señale lo «inadecuado» de algún candidato por Lugo, pero también se alaba -especialmente por parte de López Orozco-, el talante y el liderazgo de Rodríguez Zapatero, o el tesón de José Blanco para mantener al PSOE en su sitio hasta alcanzar el objetivo: gobernar de nuevo España. Orozco recibió enseguida la felicitación de Branca Rodríguez Pazos y de Xosé Manuel Barreiro . Para los sesudos análisis y los libros de historia queda el relato de unas horas apasionantes donde ocurrió una gran batalla informativa en la que además de intervenir la prensa, la radio y la televisión, esta vez ganó mucho protagonismo el teléfono móvil para desencadenar lo que trágica e irónicamente se denomina ya «armas de votación masiva». En la calle y en las poltronas, también en las de Lugo, queda una gran lección, la que un pueblo con el voto en la mano puede dar a un político.