¿Sacrificio o expropiación?

M.A.C.C. QUINTANAR PROFESOR DE SECUNDARIA

LUGO

TRIBUNA | O |

11 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

SI ES cierto que no hay nada que los hombres, y especialmente en colectividad, no estén dispuestos a inmolar en el altar de la autoafirmación y la soberbia, como señala Sánchez Ferlosio, hemos de concluir que nuestra sociedad democrática aún está sumergida en una estructura sacrifical. Estructura o forma que configura todas nuestras relaciones económicas, políticas, sociales, deportivas y personales hasta el extremo de que, sin pudor, de continuo se exigen sacrificos al trabajador, al ciudadano, al aficionado y al transeúnte. Cada cierto tiempo asistimos, entre impávidos y perplejos, a la puesta en escena mediática de la exisgencia de un cuádruple sacrificio al ciudadano. Se le exige que inmole al dios de la seguridad colectiva gran parte de sus derechos cívico-políticos. Si el sentido del sacrificio es la ofrenda de lo mejor a cambio de nada y en la mente de los individuos no está el renunciar a sus derechos, capacidades y facultades por nada, por pura generosidad cívica o por simple donación, quizás hayamos de concluir que lo que se les exige no es un sacrificio sino que se impone una expropiación investida de los prestigios del sacrificio.