No parece correcto ni siquiera prudente pasar por alto la intervención de los contadores de historias Cándido Pazó y Avelino González. Fue el lunes, casi a medianoche, en el escenario del Campo Castelo. Estos dos parroquianos de Vigo cuentan historias marineras que encajan perfectamente en el corazón de la Galicia campesina, porque cambia el escenario pero los personajes tienen la misma filosofía. Avelino encendió el fuego para combatir el frío de la noche a base de socarronería. Pazó hizo lo propio, pero apoyándose en la lingüística. Siempre con mar de fondo, lo recorrieron todo y encadenaron las churras con las merinas. ¿Por qué las historietas siempre acababan el capítulo con el destinatario del puntapié en Betanzos y en Pernambuco? ¿Fueron las patatas de Betanzos las que delataron a Dolores Vázquez como portadora de unos valores galaicos que en el fallido juicio intentaron colar como agravantes? El marcapasos, una trabajada teoría del valor del taco como oración comprimida, los bigotes con más mando en el país, el Prestige y muchos otros palos fueron también tema de monólogo.