Crónica | Las consecuencias de la ola de calor Familiares de personas internadas en el complejo hospitalario han instalado ventiladores en las habitaciones para combatir las altas temperaturas
07 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?ay más ventiladores estos días en el Hospital Xeral que en las tiendas de Idea. Los hay de todos los modelos, tamaños e incluso potencias. Fueron llevados para evitar que los enfermos se asen porque en el centro sanatorio andan mal de aire acondicionado. A principios de semana se desmayaron algunos sanitarios como consecuencia del sofoco. Los enfermos viven una situación de doble fastidio: por un lado la propia dolencia y el tener que estar ingresados y, por otro, la ola de calor que no quiere bajar la guardia. Ayer fue posible comprobar la veracidad de las denuncias públicas efectuadas por particulares y también por organizaciones: el hospital es un cocedero. Urgencias recibe aire polar. Es como si fuese una cuña de aire frío procedente de Escandinavia. Los efectos se notan en la primera planta donde sube ligeramente la temperatura pero sin llegar al sofoco. En este planta están las unidades de cuidados intensivos, reanimación, la capilla, la zona donde realizan las endoscopias y los quirófanos. En la segunda ya empieza a notarse el calor y aparece en una habitación el primer ventilador. El ala derecha de hospitalización está cerrada por obras. Al revés de la lógica, en el Xeral la temperatura va subiendo cuanta más es la altura. En la tercera planta ya son por lo menos tres los cuartos que tienen sistema propio de ventilación para que los enfermos no tengan que echar la lengua fuera. La cuarta planta recuerda a esas imágenes de hospitales de países tropicales sin recursos. En uno de los cuartos de curas, donde además están almacenados los medicamentos, funciona un gran ventilador, de los de techo. Hay por lo menos seis habitaciones que los tienen en las mesillas o en los armarios. Algunos acompañantes de enfermos no tienen más remedio que utilizar abanicos. Seguimos subiendo. La quinta planta es un verdadero tostadero. El ambiente es por momentos irrespirable. Menos mal que en los pasillos tienen apagadas las luces, posiblemente para bajar la temperatura. Algún médico suda la gota gorda en la zona de control mientras revisa la historia de algún paciente. Son sobre las dos de la tarde y el sol pega de lleno en toda la parte que da hacia el centro de la capital. «Llegaste muy temprano. Si hubieses pasado a las cuatro de la tarde sabrías lo que es pasar calor», dice uno de los trabajadores. En el fumadero, con un olor apestoso, están algunos internos. Uno de los temas de conversación es precisamente las incomodidad que provoca el calor. Pregunto a un paisano cómo lo lleva y responde con sorna: «¿E que lle parece?». Algunos familiares están realmente cabreados y desvelan los problemas que tienen algunos. Quien tiene la suerte de poder levantarse puede sobrellevarlo pero los que deben guardar cama acaban totalmente sudados, sofocados... Una mujer cuyo marido está ingresado desde principios de la semana pasada y que pide mantener el anonimato, aún reconociendo que ésta es una situación puntual, no comprende cómo un centro hospitalario puede estar en estas condiciones. «Ya sabe usted que las cosas malas no vienen solas. Mi marido está enfermo, encamado y, por si fuera poco, le toca vivir este calvario. ¿Se imagina lo que es estar varios días en una cama cuyo colchón está protegido con una funda de plástico que da muchísimo calor, sin casi poder levantarse y en una habitación que, no lo sé fijo, pero que puede estar por lo menos a 28 grados a lo largo de toda la tarde?», explica y pregunta a la vez la mujer. Otra persona elogia la comprensión del personal que, en algunos casos, tuvo que mudar las camas dos veces por día ante la situación planteada. En una de las habitaciones de la quinta, uno de los internos que espera recibir el alta dice: «Aínda lle xogo algo se os médicos e os que mandan nesto pasan tanto calor nos seus despachos». En otra de las habitaciones de la quinta, uno de los ingresados es una persona de edad avanzada con problemas respiratorios. Fue preciso colocarle el oxígeno y sentarla debajo de un ventilador porque, según explicó uno de sus familiares, no consiguen bajarle la fiebre. Situaciones como las relatadas se repiten a diario desde que el calor comenzó a apretar. Cristina Ferreiro, de la comisión de sanidad del BNG, expresó que la solución no estaba en los ventiladores, «porque o único que fan é remover o aire quente; proporcionan una sensación de alivio pero nada máis». Dijo que sería preciso recurrir a otro tipo de aparatos que recogen el aire, lo purifican, lo enfrían y lo vuelven a lanzar al exterior. Cristina también explicó que tanto era perjudicial el exceso de temperatura como el frío. Lo ideal, dijo es que oscile entre 22 y 25 grados.