Acento latinoamericano en el aula

Pablo R. Gavín LUGO

LUGO

PRADERO

Uruguay, Argentina, República Dominicana y Venezuela son los países de origen de cuatro de los once alumnos de tercero de primaria en el Colexio das Mercedes

27 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

La clase de tercer curso de primaria del Colexio das Mercedes no es muy numerosa: en el aula once niños de ocho años de edad realizan ejercicios de Matemáticas bajo la supervisión de Marisa García, la docente a su cargo. Lápices de colores, estuches de Pokemon y alguna referencia a Operación Triunfo adornan los pupitres. Uno de estos objetos, una carpeta escolar con una gran pegatina del Peñarol-el equipo de fútbol más conocido de Uruguay- delata la nacionalidad de su propietario, Matías, uno de los cuatro niños de la clase que provienen de otros países. Matías se trasladó de Montevideo a Lugo con su familia hace menos de un año. Asegura llevarse muy bien con sus compañeros -dato que confirma Rubén, su pareja de pupitre- y dice que está muy cómodo en la ciudad. Una de las cosas que más le sorprende de Lugo es la comida: «Aquí se come mucho pescado. Ya probé el pulpo, y está muy rico». Otros tres compañeros contribuyen a convertir el aula en una pequeña comunidad hispana muy bien avenida, a juzgar por las sonrisas. Son Sebastián, Estefanía y Miguel. Sebastián es el más veterano de los nuevos alumnos. LLegó de Buenos Aires en septiembre del año pasado. Lo que más le desconcierta es que en España sea vernao cuando en Argentina es invierno. La lluvia lucense no es de su agrado: «No me gusta que no pare de llover; no puedo ir a ninguna parte. En Argentina hacía mejor tiempo». El curso pasado pudo disfrutar de las ventajas de la navidad lucense. «Aquí las vacaciones son más largas», comenta entre sonrisas. Pasión por la música Aunque nació en Lugo, Estefanía ha pasado sus ocho años de vida entre Galicia y la República Dominicana, país donde nació su madre. Sus gustos musicales denotan el grado de adaptación: aunque le gusta el ritmo alegre de la música dominicana, su cantante preferida es Chenoa. También le gusta mucho el programa Menudas estrellas . Una artista en potencia. El último que se ha incorporado a esta clase internacional es Miguel, un niño venezolano que llegó al centro a finales del curso pasado. Sus aficiones son las de cualquier chaval de su edad: partidas a la consola y una ración de las hazañas televisivas de Spiderman . Su compañera Jenny dice que es algo bromista. Aunque Marisa García señala que la distinta formación de los niños exige atención individualizada y dificulta el trabajo, asegura que el contacto con culturas y costumbres diferentes es muy enriquecedor para toda la clase. Un último comentario de Matías no deja lugar a dudas sobre la adaptación de los niños al nuevo destino: «Vi lo del Prestige en la tele. Decían que era bueno que se hundiese, pero no lo fue, porque los pájaros siguen muriendo».