Las protestas por la presencia de mendigos rumanos parecen anunciar pequeños brotes de xenofobia La presencia en Lugo de miembros de un par de familias rumanas que practican la mendicidad dio pie a que en algunos sectores sociales se destacase esta circunstancia como si se tratase de un grave problema. De hecho, a algunos medios de comunicación llegó un breve comunicado de un grupúsculo político que habla de «oleada de inmigrantes ilegales». Son ejemplos que parecen reclamar acciones institucionales que preparen el terreno para lo que será un inevitable crecimiento de la inmigración en el municipio.
22 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Llueve. Llueve con esa lluvia primaveral que alegra los paraguas justo antes de que vayan a parar al armario. El señor con sombrero se cobija bajo un enorme paraguas mientras camina por la calle Doctor Castro. El paraguas del señor ocupa tanto que tropieza con cuantos se cruzan con él. Bajo un paraguas minúsculo y multicolor, la voz de una dama dice muy clarito: ¿Parece un concejal. La señora seguramente quería decir algo. La señora, probablemente, no tiene en mayor estima a los hombres y mujeres que tienen plaza en el salón de plenos de la casa consistorial. Y es una lástima, por más que en no pocas ocasiones se parezcan al señor del paraguas inmenso. No todos, claro, no todos, y menos cuando en el horizonte se dibuja el perfil de una urna. Cuando los concejales se parecen demasiado al señor del paraguas se abre en la democracia una brecha por la que se cuelan los enemigos de la libertad. Y ya hay quien se atreve a difundir en la ciudad estática comunicados de prensa de marcado tono racista y xenófobo. El concejal con modales de señor con paraguas enorme y la señora de paraguas minúsculo son un aviso a navegantes, una baliza que señaliza la grieta diminuta que puede convertirse en boquete enorme en la pared de la democracia, aquí, en Lugo, como en cualquier otra ciudad, estática o no. El concejal lucense es concejal dado al curso de macramé, de cocina de la carne de avestruz y de limpieza del ombligo, todas ellas materias fundamentales para la mejor salud personal y del cuerpo social. Pero cursos de paragüería no hay, no. Y así, claro, cuando empieza la lluvia racista y xenófoba, se mojan las señoras y los señores sin paraguas. ¿¿Y el concejal? El concejal está en ello, claro.