BENIGNO LÁZARE LA OTRA MIRADA As Fontiñas reclama un parque prometido cuando no era tan urgente como ahora
15 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.«¿Dónde se van meter tantos nenos cando teñan vacacións?», pregunta Óscar Valcárcel cuando se le pregunta a él por la necesidad del prometido parque de Os Paxariños. Teniendo en cuenta que al menos hay un cincuenta por ciento más de jubilados, entre los que se encuentra, también se puede hacer la misma pregunta con respecto a estos residentes, que ahora se dedican a recorrer la mediana paseando a un perro, como es su caso, o charlando con otros de similar edad sentados en un banco, si el día no está lluvioso y frío como el de ayer. Disponer de un espacio de recreo de 70.000 a 100.000 metros cuadrados es saludable para cualquier barrio, pero en mayor medida para esta zona articulada por una arteria constreñida por dos filas de edificios de siete plantas y mucho fondo, que sólo permiten que se cuele el sol de naciente por el hueco de lo que algún dia será el parque. La asociación de vecinos, nacida hace siete años, reclama también con énfasis un centro social y una guardería, aunque Óscar Valcárcel Buide carga sus tintas sólo en el parque, porque «os vellos» que no pasean por la mediana van al local de Caixa Galicia en Santo Domingo. Este vecino también prefiere el bullicio que hay actualmente a la desolación de veinte años atrás, cuando él pagó dos millones y medio de pesetas por un piso con plaza de garaje. En aquella época a «Carrero Blanco» sólo llegaban los residentes. Eran cuatro o cinco grandes edificios, alguno casi una manzana por sí mismo, y el bar Madeira. Dice que ahora bares y tiendas hay «dabondo» y que la animación está bien, salvo alguna noche «de movida», cuando destrozan alguna papelera. José Rodríguez lleva bastantes menos años viviendo en esta avenida, pero reclama con similar énfasis el parque y la solución definitiva a las inundaciones de los bajos de algunas casas. Pretende pasear por un entorno que le recuerde al menos mínimamente su aldea de A Chaira y no ver de nuevo el coche de su yerno estacionado en medio de una pequeña laguna. Además de la mala comunicación con el centro y del intenso tráfico entre cuatro filas de coches aparcados, la calle tiene otros variados problemas. Algunos permanecen escondidos en sus múltiples callejones y recovecos, como en la escalinata de del carril de Os Paxariños, también conocida como Primavera, para más inri, en cuyos parterres la hierba celidonia crece entre jeringuillas, paraguas y demás trastos rotos. El propio terraplen del parque está dotado de una red de seguridad a media altura tejida con zarzas de varios metros.