ENRIQUE G. SOUTO EL PULSO DE LA CIUDAD El caso de la red separativa evidencia la falta de planificación a largo plazo de las infraestructuras
07 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.-É cousa de tolos. La señora acaba de comprar naranjas en la tienda-bar y aprovecha la presencia del experto del barrio en materia de infraestructuras para informarse debidamente. Acaba de leer que la red separativa construida en Lugo servirá para muy poco si, como se pretende, los planes para los nuevos colectores prevén un tratamiento unitario de aguas residuales y pluviales. Recibida y procesada la explicación, emite juicio: «É cousa de tolos». La señora piensa lo que piensan muchos otros lucenses cuando compran naranjas y cuando no compran nada. Piensan que Lugo, más que el reino de la lluvia, es el reino de la improvisación, del golpe de efecto, de la chapuza de la derecha y de la chapuza de la izquierda, que vienen a ser la misma o continuación de la otra. Mientras las ciudades con gobiernos eficaces empiezan la casa de la gestión por los cimientos, los munícipes lucenses -los de ahora y los de antes- empiezan por poner el tejado y, claro, se viene abajo y vuelta a empezar. Y así una y otra vez, una y otra vez, como Penélopes atrapadas en un continuo hacer y deshacer. El objetivo es partir de cero. Cómo sino se entiende que no haya un órgano técnico-político que diseñe planes de largo alcance y controle su desarrollo en materias que admiten tan pocas bromas como las infraestructuras básicas. Por qué Lugo no tiene una gerencia de infraestructuras, o de urbanismo o como quiera llamársele, que sirva de nexo de unión entre un gobierno y otro, entre un alcalde y otro, para evitar que lo que hace uno choque con lo que hace otro. Lugo, ciudad bimilenaria, descubre a medida que se urbaniza que vivió su más sensata urbanización en tiempos de los romanos. Y el descubrimiento ayuda muy poco a que los lucenses se sientan especialmente orgullosos de los suyo. Y así con el agua como con calles y carreteras. La señora que compra naranjas lo ve claro: «É cousa de tolos».