Urinarios de doble función

La Voz

LUGO

PRADERO

BENIGNO LÁZARE EN DIRECTO Los servicios del parque y de la alameda son usados a diario para drogarse A última hora de la mañana una serie de personajes empiezan a revolotear alrededor del palco de la música del parque de Rosalía de Castro. Llegan de uno en uno o por parejas y, aparentemente, no se conocen. Al poco tiempo se puede comprobar que se relacionan todos. Escudriñan con la vista los alrededores y, tras una reunión de urgencia, se dispersan rápidamente. Unos se alejan mirando a ambos lados y otros toman la ruta de los urinarios con la premura que requiere el apaciguar el «mono». La operación se repite con más frecuencia en la alameda.

28 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Con puntualidad latina, en torno a las 9 o 9.30 de la mañana, la persona encargada hace la ruta de los urinarios públicos. Abre los de debajo del palco de la música del parque de Rosalía de Castro, luego los de la Praza Maior y el itinerario acaba en los del parque de la antigua Frigsa, aunque el orden no tiene por qué ser necesariamente ese. A partir de esa hora comienza también el merodeo y desfile de un público que tiene mayor necesidad de meterse «un tirito» directamente en vena que de aflojar la vejiga. En el parque, para el paseante ocasional pasan desapercibidos y sólo quedan en evidencia cuando entran dos juntos en el servicio de señoras, aprovechando la ausencia de la limpiadora. Arriman la puerta y hacen su bisness durante un largo rato. Cuando entra la mujer, no se asusta ni se inmuta. Les da unos consejos y se pone a hacer su trabajo. «¡Pobres! Da pena verlos. Estos dos están a diario en la función», dice compadeciéndose de la vida que llevan y justificando la situación. Luego explica que todos los días acuden drogadictos a pincharse, pero no suelen dejar jeringuillas tiradas. El problema es más grave en los servicios de la Praza Maior, lo que para la empleada resulta más inexplicable porque están en el centro de la ciudad y en una zona muy transitada. En la alameda sí es frecuente que quede alguna jeringa tirada en el suelo, por lo que la vigilancia y las revisiones tienen que ser más frecuentes. A veces, el ajetreo de los heroinómanos sigue hasta la hora de cerrar los urinarios y hay que llamarlos y echarlos para que no queden toda la noche encerrados en los servicios. La trabajadora dice que en la Praza Maior no ve comprar. Pero un par de jubilados, que controlan la situación desde un asiento próximo al paseo del Cantón, certifican todos los movimientos de un pequeño grupo de jóvenes y menos jóvenes, que ellos denominan «os de sempre». A esa hora, sentados en el respaldo de otro banco, tres supuestos heroinómanos combaten sus bajas defensas con baños de sol y bollicaos. Los servicios del parque de Frigsa por el momento quedan al margen de estos usos paralelos. Allí al lado está el centro del Proxecto Home, dedicado a la desintoxicación.