Soluciones contra la humedad

REDACCIÓN LUGO

LUGO

ÓSCAR CELA

Las mejores medidas para atajar este problema, tanto en el interior como en el exterior, son las de carácter preventivo El diseño y la concepción arquitectónica del edificio deben garantizar su impenetrabilidad frente al agua. Desde el exterior y sobre rasante es inevitable el agua de lluvia; sin embargo, sí es posible que penetre en el terreno. Bajo rasante se puede alejar el agua del edificio, aunque sea casi imposible dejar a cero la humedad del terreno. Desde el interior, la evacuación del vapor de agua producido por las personas y sus actividades es siempre necesaria. Algunas de las actuaciones más frecuentes son: la ejecución de aceras y superficies de recogida, el drenaje del terreno, la extracción del vapor y la perforación de pozos absorbentes.

14 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

La presencia de agua líquida o en forma de vapor; la falta de aislamiento entre el elemento constructivo y el agua, permitiendo el contacto entre ambos; la existencia de vías de penetración -en forma de aberturas, juntas, grietas- y poros de los materiales, que permiten que se absorba el agua con la que están en contacto; y la dificultad de secado por las circunstancias ambientales inapropiadas, lo que hace que el agua permanezca en el interior de los materiales o a veces en la superficie son cuatro de las circunstancias encadenadas que pueden provocar humedad en un material o en una obra. Actuar sobre las causas La solución de los problemas de humedad se basará en la actuación sobre esas causas inmediatas. Hay que garantizar el desagüe y la estanqueidad de las superficies de recogida y de las redes de conducción. Bajo rasante habrá que drenar el suelo, mientras que en los edificios se debe reducir la humedad del aire interior. Si no es posible impedir la presencia de agua, hay que aislar y proteger el edificio de su contacto, interponiendo barreras entre ambos. En el exterior, las barreras que protegen del agua líquida, salvo que estén enterradas, deben permitir el paso del vapor, al contrario que en el interior. Para evitar el contacto del agua con la construcción, se colocarán barreras al paso del agua, tanto desde el exterior como desde el interior. Si lo que se pretende es impedir que el material absorba el agua y la difunda por su interior, se pueden obturar los poros superficiales e internos de los materiales. También cabe la posibilidad de facilitar la cesión del agua de los materiales al ambiente, actuando sobre los propios materiales, incrementando la superficie de secado o reducciendo su sección. Estas medidas deberían tomarse al construir el edificio, pues los mejores tratamientos son siempre preventivos. Por otra parte, el uso indiscriminado de varias soluciones puede resultar contradictorio. Problemas bajo tierra Una de las humedades más frecuentes es la que se da en los muros subterráneos, pudiendo tener diferentes orígenes si las paredes interiores están constituidas por ladrillos o bloques de hormigón estándar. Ante la rápida degradación del muro y los revestimientos, la solución está en revestir la cara interior de los muros con un mortero de impermeabilización que resista el agua en contrapresión, que sea insensible a las sales y que se aplique en capa gruesa para regularizar el soporte. En las viviendas nuevas, la solución es fácil por los muchos materiales aislantes que ofrece el mercado, aunque hay que tener presente la relación entre la humedad de obra y la humedad de condensación. En el edificio a rehabilitar, muchas veces basta con mantener el muro más seco. Si el edificio es reciente y su cerramiento dispone de cámara de aire, el problema puede remediarse limpiando estas cámaras e introduciendo en las mismas el aislante térmico adecuado, tal como espumas de inyección. Si los cerramientos no disponen de cámaras de aire, la solución pasa por incrementar el espesor de dicho cerramiento.